Se muestran los artículos pertenecientes a Junio de 2006.
Resumen
- 01/06/2006 16:29 -
- 03/06/2006 10:33 - (25) Destierro
- 04/06/2006 15:09 - (26) Impulso perdido
- 06/06/2006 16:54 - (27) Desde el otro lado
- 10/06/2006 09:31 - (28) Tal día hizo un año
- 12/06/2006 09:54 - (29) Lo que sé, lo que siento
- 13/06/2006 16:54 - (30) Amigos virtuales
- 15/06/2006 16:13 - (31) Citas previas
- 16/06/2006 16:47 - (32) Perdóname
- 19/06/2006 16:31 - (33) Grata complicidad
- 22/06/2006 08:55 - (34) Quisiera
- 26/06/2006 13:34 - (35) Una revelación transcendente
- 29/06/2006 08:55 - (36) Puedo vivir sin saber
(25) Destierro
(26) Impulso perdido
(27) Desde el otro lado
(28) Tal día hizo un año
(29) Lo que sé, lo que siento
(30) Amigos virtuales
(31) Citas previas
Hay algo que me enoja sobremanera, la falta de puntualidad, sobre todo en las citas concertadas con peluqueras, médicos, mecánicos, etc. Cuando me hacen esperar en estos sitios a los que vas previa cita me embarga la sensación de que me están tomando el pelo.Se supone que tengo que pedir vez para que el individuo planifique su agenda, si a mí me pasa algo y no puedo llegar puntual o sencillamente, no puedo ir, debo avisarlo con 24 horas de antelación o un castigo divino de envergadura incalculable caerá sobre mi cabeza. Si se supone que yo tengo que estar a la hora justa, espero por su parte una correspondencia a la par. Aunque he de reconocer que la persona que me hace esperar, tras ver mi cara, seguro que casi preferiría un castigo divino.Esto viene a colación porque estoy yendo al dentista, y ayer me hicieron esperar veinticinco minutos, suelo tener mucha paciencia, no suelo quejarme de casi nada en ningún sitio, pero ayer no pude evitarlo. Cuando la auxiliar vino a buscarme a la sala de espera no pude menos que decirle:- Me voy a enfadar con ustedes. Tuve que cerrar antes mi comercio para poder estar aquí a la hora de la cita y me tienen esperando 25 minutos...- Pero la cita... ¿no era a las tres y media?.- Evidentemente no, pues no hubiera llegado a las tres menos cinco.Eso, aún encima llámame imbécil, que es lo que necesito en estos momentos para calmarme. El ir al odontólogo es algo a lo que no le tengo miedo, de verdad, aunque lo que voy a contar puede dar otra impresión.El último día me hicieron dos extracciones y os juro que mi imaginación voló rauda y veloz. La imagen del sacamuelas poniéndome la rodilla en el pecho para arrancármelas de manera un tanto brutal estuvo tan presente en mi cabeza, que no quería abrir los ojos, no fuera a ser que la ficción se hiciera realidad. Sé que no es muy conveniente tener este tipo de imágenes cuando estás tumbada en una camilla y un señor te está hurgando en la boca y no precisamente para darte un beso con lengua (en este supuesto, preferiría otra cosa, para que mentir, jijiji), pero con el trabajo que le dió al pobre sacarme esas dos muelas, no pude evitar pensarlo. Hacía toda la fuerza que podía y además estaba presionando mi pecho derecho con su codo de tal manera, que cuando me levanté, lo estuve buscando a ver si se había quedado incrustado en la camilla.Debo reconocer que el hombre hizo bien su trabajo (el de la boca digo, porque el del pecho... pues como que no), porque pensé que, tras todo lo que noté que me hizo (la imaginación en estos casos es muy mala), al día siguiente me iba a doler y la verdad es que no me he enterado de nada, detalle muy de agradecer.
(32) Perdóname
(33) Grata complicidad
Llevo años llamando a tu puerta y tú, amablemente me contestas, abres la puerta y me acoges en tu casa, tomamos un café y charlamos del tiempo, de las novedades en el pueblo, del sermón del domingo, del nuevo novio de la panadera, de las ocurrencias de Antón, el hijo del sastre, que de tan tonto parece listo...
Nunca hemos hablado de ti, ni de mí, ni de lo que sientes cuando la luz del amanecer engendra otro largo día, ni de lo que ocupa tu mente cuando las sombras proyectan soledad en tu alcoba.
Nunca te conté mis tristezas de almohada, ni mis pensamientos más honestos reconociendo la impotencia de mi angustia.
Jamás oí de la boca el mínimo quejido de amargura tras la muerte desoladora que te persiguió durante años, ni que sentías en tu desbastada alma obligada a olvidar el sufrimiento.
Jamás hablamos de esas cosas que no surgían en el primer sorbo, o en las que salen en el ritual de la preparación del café: Sólo, largo y muy caliente para mí, leche manchada para ti y tu sempiterno ardor de estómago; la blonda blanca y la mantequilla que nunca usábamos en el platillo de porcelana sobre el mantel de hilo. Sentadas una frente a la otra, con una sonrisa sincera iluminando nuestros rostros. Ambas sabíamos lo que pasaba por nuestras miradas. Yo sabía que habías tenido noticias por la forma en la que cogías la taza y perdías tus ojos a través de mí.
Tu buscabas mi tic cuando intuías que algo andaba mal: tocarme el anillo que me acompañaba desde hace muchos años te lo confirmaba, pero jamás preguntarías.
Bebo a tragos cortos mi café, sin prisa, disfrutando cada sorbo, alargando el placer de tu compañía. Tu mirada siempre conseguía reconfortarme, me daba esa calma que no siempre era capaz de mantener, esa calma que mi alma añoraba en su ausencia. Tu perenne sonrisa confundía mi miedo, conseguías acallarlo con tu calidez.
Momentos impregnados de ternura y pastas, de cariño y flores silvestres, de amistad y café caliente.
(34) Quisiera
(35) Una revelación transcendente
Voy a hacer una transcendente revelación:
(¿No pensaríais que os iba a descubrir los secretos del misterio de Fátima?.)
Pues eso, que cada día me gusta más visitar otros blogs y se han sumado a mi ya larga lista de palabras terminadas en -adicciones.
Por supuesto Mis Secretas Escapadas son lugares de culto, sacro-santos, las visito todo los días, e incluso varias veces, con la expectante curiosidad que experimentan los niños cuando abren un regalo, que es lo que son algunas de esas páginas, un hermoso y delicado regalo. Espero encontrar nuevas entradas, las leo con calma, las releo y pienso el comentario que quiero poner, aunque a veces, los posts son tan bellos e íntimos que me da bastante respeto meter la pata, pero creo que debo hacer el esfuerzo, pues si alguien hace algo tan hermoso como compartir sentimientos y pensamientos, que menos que agradecérselo, y como flores no se pueden enviar y pueden dar lugar a malos entendidos, pues dejo mi comentario diciéndole: no sé si estoy metiendo la gamba, pero por lo menos yo, insignificante ser, lo he leído y me ha gustado. Cuando tengo tiempo las repaso por completo, abro los archivos, las categorías, visito los enlaces,... trato de imaginar a quien lo escribe a través de lo que escribe, o de lo que no escribe, que también se da el caso, aunque el turbante de adivina no me favorece.
(36) Puedo vivir sin saber
Puedo vivir sin saber que sentiré cuando la muerte me rodee con sus brazos de hielo y la consciencia me abandone en el lecho del olvido. Que pasará cuando el vacío de mi alma se confunda con la Nada Absoluta de un cuerpo desierto de vida.
En cambio, necesito tu mirada para cubrir mi alma de luz, pues cuando no estás, todo es oscuridad y delirio. Necesito tus manos para saber que mi cuerpo es real y no un mero instrumento ficticio. Necesito tu voz para saber que el silencio es momentáneo y que el eco de tus palabras ahuyentará mi soledad no buscada. También necesito tu silencio en las noches de rocío y luna, cuando las estrellas y el mar hablan en susurros.
Necesito que me explores, que me descubras, que me adivines, que me sientas, que me quieras, que me dejes, que me tomes,... necesito tu ausencia y tu compañía, necesito tu alma, tu cuerpo, te necesito amante, también compañera, pero no necesito ser tu dueña.
Quiero explorarte, descubrirte, adivinarte, sentirte, quererte, dejarte, tomarte, quiero ser tu amante, tu compañera... pero no quieras ser mi dueña.
Puedo vivir sin tí y si me pides que cambie, que elija, que me deje ir, que apague mi voz, que anule mi yo, que me convierta en tu sombra... viviré sin ti... puedo vivir sin tí pero no quiero, no me obligues a ello.
Quiero quererte tal cual te encontré, porque así empecé a amarte.
Quiero que me quieras tal cual soy, pues así era ¿te acuerdas?.

