Se muestran los artículos pertenecientes a Abril de 2007.
Resumen
- 01/04/2007 23:23 - 101/66. Desconcierto
- 10/04/2007 22:55 - (102/66) Desilusión
- 14/04/2007 22:25 - 103/66 Mi Momento
- 17/04/2007 13:06 - (104/66) Hola, Vida.
- 18/04/2007 11:39 - (105/66) Así soy... así parezco ser...
- 19/04/2007 11:22 - (106/66) Sin sentidos
- 20/04/2007 09:05 - (107/66) Lágrimas de lava
- 22/04/2007 20:54 - (108 /66)Tomando fuerzas.
- 30/04/2007 09:05 - (109/66) Manos de fuego
101/66. Desconcierto
Hay temporadas que mis sensaciones se relajan, llenándome de vacíos, de necesidades de encontrarlas, arrasando mis motivaciones, zambulléndome en mi silenciosa soledad para poder escucharlas... y eso me desconcierta. En otras ocasiones me desbordan, vienen de todos los flancos, parece que todas y cada una de las personas que me rodean ha decidido regalármelas a manos llenas, y eso me encanta pero, de nuevo, me desconcierta, ¡son tantas y tan diversas!. Quizás solo deba encontrar el equilibrio, ese equilibrio que me permita desenredarlas, asumirlas, entenderlas, disfrutándolas y, al mismo tiempo, poder seguir recibiendo más sin que me origine esta desazón que a veces siento. Una angustiosa sensación que me dice que estoy fallando, que no llego, que me estoy quedando corta... Transito entre la felicidad y la ilusión más absoluta y esa otra sensación de error, de que me estoy equivocando.
Vida: es increíble todo lo que originas en mí, lo que despiertas y generas en mi interior, lo que me das y lo que me permites dar... perdóname... soy incorregible.
(102/66) Desilusión
Quizás podría mostrarme más, mandar señales más claras y nítidas, hacerme notar más, mostrar lo que me hace daño o aquello que no me permite ser objetiva por mucho que lo intente; pero no lo hago, mi carácter, por mucho que vaya modelándolo, no siempre me lo permite. Quizás debiera ser mas asertiva pero no lo soy. Quizás debiera ser más asequible pero no lo soy. Quizás debiera ser más fuerte pero no lo soy. Quizás debiera ser más indiferente pero no lo soy. Quizás debiera...pero no...
A veces deposito mis ilusiones en algo o en alguien, ya sé que nadie me manda, nadie me obliga a ello, pero en mí es una necesidad. Reconozco que me duele el desengaño, la palabra sin palabra, el juego a una banda, la inconsecuencia... no culpo a nadie y asumo que la única culpable soy yo; soy adulta y debería ser más experta pero no lo soy; pero no lo soy con conocimiento de causa, no quiero serlo; me niego a que amargas experiencias pasadas destruyan hermosas posibilidades futuras.
Cuando alguien me falla no es consciente, quiero pensar que no lo es, de la ruptura que provoca en mí. Percibir que mi interés no es correspondido, que es irreal y basado en mi subjetividad me produce desasosiego, intranquilidad, incredulidad, desencanto. Algo se resquebraja en mi interior; la desconfianza y la duda se encargarán de abrir una grieta convirtiéndola en un abismo insalvable. El daño está hecho y no conozco el tratamiento para esa enfermedad llamada: Desilusión.
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Gracias Vida, por estar a este lado del abismo.
103/66 Mi Momento
Hay momentos que, como las sensaciones, son mágicos. Momentos en los que los sentidos se agudizan y el corazón deja oír su voz, mi alma respira profundamente y mi mente se convierte en hilo conductor de todo lo que ese momento me provoca. Uno de esos momentos, Mi Momento, es cuando me acuesto. Enciendo un cigarrillo, leo un rato más o menos largo, dependiendo del cansancio originado por el día, apago la luz y... ahí empieza Mi Momento.
Ahí mis inquietudes, mis dudas, y mis miedos me desnudan, me acarician, me poseen; ahí me enfrento a todo lo que soy, sola, sin armas ni escudos, ahí es donde me asumo, poco o mucho, eso siempre dependerá del estado de ánimo en que me encuentre, vivo lo que soy sin tapujos, sin falsos adornos exhibicionistas, sin sentir la obligación de enamorar, de convencer, de venderme, de mostrarme o de ocultarme; ahí es donde permito que mis heridas sangren y mis lágrimas, interiores y privadas, resbalen por mi alma; ahí es donde me susurro al oído todo lo que quisiera decir, en donde me reprocho los errores cometidos y los que cometeré; ahí disfruto plenamente de las alegrías, de las satisfacciones, de las ilusiones y es ahí cuando me doy ánimos para seguir...
De ese momento han surgido la mayoría de las entradas que he escrito desde la sinceridad más conscientemente subjetiva. Con esa subjetividad íntimamente deseada que me permite disfrutar de las sensaciones encontradas y vividas, de las reales y de las imaginadas, de las que me hacen feliz y las que me angustian y que me han permitido darle sentido, si es que lo tiene, a este blog.
(104/66) Hola, Vida.
¡Qué difícil se me hace hablar de ti, Vida!. No quisiera que pensaras que el motivo es algo extraño u oscuro... Sabes que me encanta llevarte a mi lado y, orgullosa, presumir de ti, sentirte, mirarte continuamente... Quizás me cueste porque te has filtrado por los poros de mi alma hasta lo más profundo de mi ser y la manera como ha ocurrido es lo que me desconcierta. O porque me generas tantas sensaciones que me resulta imposible asumirlas a la misma velocidad que las provocas. Dices conocerme más de lo que pienso y no lo dudo, entonces perdonarás mis silencios aunque puedan desconcertarte, mis miedos aunque no entiendas su motivo... Y mis miedos ahora no están centrados en ti, en lo que de verdad te inspiro, en lo que de verdad sientes por mí, porque te creo cuando me lo dices, cuando me lo susurras... están centrados en que lo que realmente quieras es que todo permanezca en este lado del mundo, que se quede en esta virtualidad en donde nos hemos conocido, en donde seguimos estando... temo quedar atrapada en ella.
Entendería si no me creyeras si te dijera que podría asumir lo contrario, porque ni yo misma lo sé, pero aún así quisiera saber... quisiera saber si estarías dispuesta a dar un paso más, si te gustaría conocer mi voz, conocerme en persona.
Quiero susurrarte al oído lo que siento, escuchar tu voz y tu sonrisa, disfrutar contigo... y necesito saber si compartes mi deseo: el de mirarnos a los ojos.
Si no es así, no podría reprochártelo, pues aquí, en la virtualidad, ha nacido nuestra relación y aquí empecé a amarte, aquí me has regalado momentos mágicos e inolvidables, aquí te tatuaste en mi piel y aquí aprendí a desearte como jamás he deseado a nadie nunca.
(105/66) Así soy... así parezco ser...

Me considero:
Una persona formal, honesta, muy serena, adulta única y exclusivamente en las grandes ocasiones; un poco payaso, de risa espontánea y pícara; con una inteligencia bastante normalita y muy poco gastada. No voy a caer en el tópico de gran amiga de mis amigos pues eso es algo que deben decir ellos; no creo ser una persona demasiada complicada; me gusta la comunicación aunque yo me considero un tema tan poco interesante que obvio hablar de mí; un poco tiquis miquis con esto de las sensaciones pues necesito entenderlas y asumirlas. Sumamente cauta para unas cosas y conscientemente inconsciente para otras. Fácilmente dañable aunque no suelo culpar a nadie pues conozco y reconozco mi inseguridad manifiesta, esta misma inseguridad hace que sea bastante susceptible pero siempre acallo esta susceptibilidad razonando fríamente y hablándome mucho, un tanto “torero” a la hora de implicarme pues me lo pienso muy mucho antes de hacerlo pero, si lo hago, asumo todas las consecuencias de ese hecho; con un sentido del ridículo un tanto peculiar pues no soy nada exhibicionista (aunque... cualquiera lo diría escribiendo esta entrada y teniendo este blog) y, en cambio, puedo ponerme a hacer el idiota sin mostrar ningún remordimiento de conciencia. Poseo un saco inmenso, que no infinito, de paciencia. Fiel, aunque un poquito pendón. No me quiero demasiado aunque tampoco me odio, creo haber alcanzado el equilibrio en ese aspecto, aunque mis años he invertido en ello. Suelo dominar mi carácter sin demasiados problemas, a menos que me “busquen” demasiado. Me levanto siempre de buen humor, haya lo que haya dormido.
Me gusta:
Transmitir esa serenidad que a mí me sienta tan bien, por lo que no soy muy dada a grandes manifestaciones de ningún tipo. Vivir y dejar vivir. Ser consecuente en todos mis actos o por lo menos intentarlo con todas mis fuerzas. Ir con los ojos abiertos, fijarme en los detalles, y preguntar cuando desconozco algo o llama mi atención. Guarecerme en el silencio cuando algo me duele intensamente. Dar la mayor cantidad posible de oportunidades y razones antes de salir en mi propia defensa, después ya no hay retorno; las sonrisas y los guiños cómplices; escuchar; conversar, sea trascendentalmente o no, con amigos, conocidos o desconocidos. Desayunar antes del primer cigarrillo del día. La formalidad y el empeño en la palabra dada. Organizar y planificar el trabajo antes de empezarlo. Respaldar con mis actos mis palabras. Escribir, la lectura, el tabaco negro (soy fumadora compulsiva), mi bebida es la cerveza y mi plato favorito el pollo con uvas.
Me molesta:
La informalidad. La falta de respeto. Sentirme engañada. Llorar en público (puesta a ser sincera, incluso en privado me cuesta horrores, me molesta hasta emocionarme en el cine). Cortar el pan para servirlo en la mesa. Que me acosen para que haga algo que no debo o no quiero hacer. Perder los papeles en situaciones complicadas. Que presupongan lo que pienso.
(106/66) Sin sentidos
Hoy es uno de esos días en que me encerraría en una habitación sin eco, cerraría los ojos de mi alma y dejaría que mi cuerpo me abandonara sin duda y sin lucha. Uno de esos días en los que la tristeza pesa más que las falsas ilusiones con las que me engaño, que duele más que las falsas caricias y que tan amarga como la auto mentira más despiadada.
Hoy es uno de esos días en que no ser como me gustaría ser destruye lo que soy y que, sabiendo que solo yo puedo poner el remedio, no tengo ni ganas ni fuerzas para hacerlo. Uno de esos días en los que vivir me pesa y me vacía aun más de significado, adquiriendo un sin sentido abrasador y destructivo, donde mi alto contenido en agua se resiente y se evapora convirtiéndome en un amasijo de paja y sustancia seca. Donde mis actos y mis palabras se contradicen transformándome en un espantapájaros viejo y diabólico.
Hoy es uno de esos días en los que necesitaría que ese contenido en agua fuera del cien por cien y desaparecer filtrándome en los poros doloridos y convulsos de la Tierra.
(107/66) Lágrimas de lava
Las lágrimas se deslizan entre las turbulentas nieblas de tus ojos y no puedo evitar sentirme culpable de ese triste discurrir. Acaricio tu rostro sin pensar en el daño, beso tus labios sin pensar en el dolor y cierro mis ojos para no seguir viviendo ese silencioso y resignado llanto. No llores, mi vida, no llores. No merezco ni un pequeño suspiro, ni una mínima queja de ese corazón aquejado de soledad manifiesta.
Las lágrimas deben ser mi castigo, el dolor mi eterna penitencia y tu desprecio mi condena. No llores, mi alma, no llores. Nunca deberían figurar en tu rostro amado, nunca deberían asomar en esa mirada adorada.
Siento tus lágrimas como ascuas de fundida lava abrasándome las manos, como puñaladas de tristeza en mi alma desangrada; noto como van tatuándome la piel, percibo como las heridas provocan hemorragias de incomprendida amargura y se encostran en indelebles cicatrices en mi corazón. No llores, mi amor, no llores. No permitas que mi presencia convierta la húmeda niebla de tu mirada en doloroso e inútil reproche.
Beso tus ojos en vano intento de consuelo y encuentro el justificado rechazo de tus manos alejándome de ti. Torno mi atracción en distancia insalvable, alejándome, sé que para siempre, de la brisa de tus labios. No llores, mi amada, no llores. Jamás te pediré un perdón inmerecido y arrastraré para siempre las cadenas de tu cálido recuerdo.
(108 /66)Tomando fuerzas.
Me levanto y comienzo a caminar despacio; me estiro dejando que mis músculos, rígidos por el hecho de haber mantenido la misma posición durante demasiado tiempo, se vayan desentumeciendo poco a poco. Mis ojos se van acostumbrando a la luz después de tenerlos fuertemente cerrados esperando a que el dolor pasase; me sorprende que mi cuerpo responda.
Hay algo que me impulsa a caminar más deprisa pero contengo esas ganas de acelerar mi paso, comprendo que debo controlar mi respiración y los latidos de mi corazón, necesito hacerlo para que todo vuelva a esa tranquilidad que tanto he añorado estos días.
Mis ojos empiezan a captar las imágenes que me rodean y los colores empiezan a tomar fuerza a medida que avanzo; me relaja eso de que los azules, los morados, los verdes, los amarillos... vayan impresionando mis pupilas. Mi respiración se vuelve sosegada, ya no me cuesta respirar, la opresión del pecho y de la garganta han desaparecido y mi paso se vuelve mas seguro. Respiro profundamente; olores olvidados impregnan mis sentidos, los percibo como si fueran nuevos y sorprendentes, como si nunca los hubiera disfrutado antes.
Mi mirada consigue captar los detalles del lugar en donde estoy y una sonrisa de alivio se dibuja en mi rostro. Un sentimiento de gratitud inunda mi corazón. Extiendo mi mano y ahí estás tú, Vida, y con el cálido contacto de tu piel me devuelves la sensibilidad de mi cuerpo, hundo mi cabeza en tu pelo y en él me pierdo, su olor me retorna a momentos mágicos y tus labios avivan el deseo que, ahora me doy cuenta, jamás me ha abandonado ni nunca lo hará. Y comprendo que quiero que estés conmigo y que me permitas estar al tuyo, que formes parte de mi vida aunque sea en la distancia.
(109/66) Manos de fuego
Me encantaba el movimiento de sus manos, eran como dos mariposas ágiles y livianas que expresaban la ternura en sus caricias y la auténtica pasión que sentía por las formas. Cuando hablaba, ellas reforzaban con cada movimiento la fuerza de cada palabra, de cada expresión, lloraban amargamente, brincaban de alegría o espantaban las moscas de la tristeza que rondaban por su cabeza.
Toda la fuerza del mundo estaba contenida en aquellas dos manos, bellas y sensuales. Con ellas podía infringir sin dudar el máximo castigo cuando la amenaza se hacía patente, pero su preferencia natural era el amor. Amaban todos los materiales, tocaban con fruición y respeto cualquier textura pero lo que más ansiaban tocar era la piel de un ser humano. Recorrían cada pulgada, cada centímetro, explorando cada pliegue, cada peca, cada lunar. Disfrutaban con idolatría de cada estremecimiento, expertas sabedoras del placer supremo que transmitían, imprimiendo una cadencia casi musical a su movimiento mórbido, lento y cálido, sobre aquella piel hambrienta de sensaciones. Se entregaban sin reservas a la explosión de la excitación, llenando de gemidos del placer más absoluto el aire, incendiando de deseo cada poro que rozaban.
Pero esas manos de fuego fueron sorprendidas por una sensación que escapaba a su entendimiento, el cuerpo que manejaba aquellas expertas manos, experimentó por vez primera la misma sensación que transmitía. Las caricias de aquella piel agradecida le estaban enseñando el deseo y el placer que jamás había soñado. Por primera vez se dio cuenta que había otras manos iguales que las suyas, que había otras manos que, agradecidas y sedientas de amor, podían llegar a una entrega absoluta y sincera.



