Facebook Twitter Google +1     Admin

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

154/66 MIRADAS DESDE EL OTRO LADO

Cierro los ojos y recuerdo sus voces, sus palabras,... también sus silencios; esos silencios elocuentes que completan del todo lo que las palabras no son capaces de trasmitir. Recuerdo cada instante, las conversaciones,... las miradas; esas miradas cómplices de quienes se conocen, de quienes se quieren aún sin que tenga demasiada explicación ese afecto...

Mi recuerdo retrocede en el tiempo, hacia conversaciones en donde no había ojos ni gestos ni rostros ni manos... donde el conocimiento mutuo era a través de frases demasiado cortas, demasiado concisas para adivinar apenas retazos de alma o a través de escritos paridos en momentos de íntima soledad... Y, a pesar de la dificultad, en aquellos momentos aprendí a quererlas.

Abro los ojos y veo los suyos, sus rostros, sus manos, sus gestos... y me resulta absolutamente exquisito tenerlas a mi lado, hablándome, contándome ya con voz, con risas, con gestos, con miradas... lo que entreví a través de una pantalla hace algún tiempo.

Ya estoy en casa y, lentamente, recupero mi rutina pero la fragancia de las bellas rosas blancas con las que he estado compartiendo estos días continúa a mi alrededor  y, a pesar de la teórica distancia, la esencia de cada una de ellas perdura en mi alma, reconfortándome y haciendo que el mundo, mi mundo sea cálido, grato y más confortable.


P.D. 1: Isa, Gó, Gloria, María... gracias infinitas por estar en mi vida.

P.D. 2: María, sé que lo de estar en mi vida te vino de rebote, pero, hija mía, lo siento... ¡es lo que hay!... jejeje.

 

153/66 TRES SOÑADORAS

Me gusta conducir, es algo que ya lo he comentado en más de una ocasión. Me gusta conducir porque..., quizás sea porque es algo en lo que tengo casi siempre la última decisión... puedo correr o no... ir al límite de la señalización o tirarme un poco a la bartola, detenerme en donde yo decida hacerlo y, aunque dependo de una máquina, en un alto porcentaje cada paso es una decisión totalmente mía. Me gusta esa sensación de libertad, de "alejarme de" pero también de "ir al encuentro de", visualizar el camino que me queda por recorrer y, también el que ya he recorrido; escoger entre las posibilidades, ese control de cada momento, incluso teniendo que estar en continua alerta, me gusta.

Esta última escapada ha sido absolutamente exquisita. Estando a vuestro lado tengo esa misma sensación. Esa sensación de ser yo, de que siempre soy yo, de que soy más yo; a cada instante, en cada acto y que, además, eso es suficiente...

 Quizás no sepáis de que hablo... aunque creo que sí y, también sé que os defenderéis de esto que estoy diciendo pero no hay defensión posible, sois culpables de que me sienta así, cómoda, querida, incluso "importante". Sé que decirlo claramente es complicado, por nuestras muchas conversaciones, tanto a vosotras como a mí nos cuesta aceptar piropos... ¡¡¡Es tan fácil caer en la estupidez que tanto nos molesta a las tres!!!

Formamos un buen trío: Tres soñadoras. Cada una con sus sueños particulares, íntimos, personales e intransferibles. Cada una con su historia de vida, sin interacción aparente, sin similitudes, con argumentos absolutamente diferentes... A cualquiera que nos conozca hasta podría chocarle esta amistad por lo distintas que somos pero es algo tangible y respirable, nacida en la virtualidad, es cierto, pero trasladada a una realidad común a las tres con la mayor naturalidad. Solo me queda por añadir algo que también es real: Os quiero, mis niñas.

 


¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

152/66 Disturbios

Cuando abrí las puertas de esta “casa”, una de las cosas que más me costó fue buscarle un nombre. Quería que, de manera sencilla, explicara el contenido y el motivo de su existencia. Cuando me decidí no obvié el hecho de que el nombre iba a provocar alguna que otra sonrisa burlona por la similitud con el título de cierta serie de éxito de hace unos años (algo curioso: no seguí la serie…). Por un lado, quien me conoce, sabe que arrancar sonrisas es una de mis aficiones, por ello asumí el riesgo y, por otro, es la frase que mejor define el sentido de este blog.

Siempre plasmo sentimientos, sensaciones o impresiones, siempre desde la sinceridad más íntima; lo he necesitado y lo sigo necesitando, pero no siempre me es fácil depositar en una entrada, algo accesible a cualquiera que le pueda interesar, lo que mi alma me dicta.

Últimamente ando un tanto perdida entre lo que necesito y lo que“puedo” escribir. Perdida en un intricado laberinto de esas sensaciones que hacen que me sienta viva. Perdida entre la necesidad y el pudor de decir lo que siento.

Estoy en medio de una batalla a brazo partido en varios frentes; de la que lo único que saco en limpio es un cansancio extremo, extenuante y  opresivo. Cada frente requiere una estrategia distinta y, a veces, contradictorias entre si, por lo que debo estar siempre alerta, despierta y a la defensiva. Creo que, de tanto escucharme y escuchar, estoy perdiendo perspectiva, estoy confundiendo prioridades, amasando demasiados silencios, mascando demasiada intranquilidad. Esto me mantiene en continua actividad por lo que no consigo el descanso necesario para recomponer mi estabilidad personal y, a causa de ello, mi inseguridad crece provocando una serie de cataclismos, pequeños pero muy desequilibrantes.

A veces me pregunto si lo que trasmito es que soy estúpida, que soy  alguien que no se entera de nada y de la que se puede uno aprovechar sin problema. No lo sé… trataré de averiguarlo.

151/66 Humo

20090309124024-puesta-de-sol-feb-09.jpg

Aspiro despacio y profundamente, saboreando la bocanada de humo que inunda mi garganta; mi pecho se dilata mientras el humo entra en mis pulmones. Espiro mansamente. Parte de ese humo sale por entre mis labios, otra, por la nariz, mezclado con mi respiración. Mi mirada se pierde lejos de la humareda, mi pensamiento divaga por recuerdos, pensamientos, ideas,… en nada en concreto, formando una extraña concatenación de sucesiones que permiten que mi cabeza no se detenga demasiado tiempo en ningún punto determinado.

Escucho mi propia respiración y el latido de mi corazón en mis sienes; cierro los ojos y pienso…

Siempre son gratos los momentos en los que tú ocupas mi mente.Recuerdo cada instante con ese regusto inolvidable que deja lo bueno. El primer contacto visual en aquel primer encuentro y aquella sensación de que ya llevabas mucho tiempo en mi vida: me eras grata, entrañable y, en aquel preciso instante te volviste, además, necesaria.

Centro mi pensamiento en mi espacio. Observo lo que me rodea que, por cotidiano, es casi invisible: las fotos, mis libros, algún que otro pequeño detalle, la lámina de mi cuadro favorito…

Mi pensamiento cambia y se gira hacia mi tiempo. A veces me pregunto, como ahora, que qué es lo que hago aquí; y no me refiero a mi casa, me refiero al mundo, a la vida; cuál es el sentido de levantarme por las mañanas, cuál es el motivo para dar el siguiente paso y, la verdad, es que no se lo encuentro.

Pienso en ello desapasionada, fríamente, sin amargura. Pienso en las personas que quiero y llego a la conclusión de que soy un mero adorno, un pequeño acompañamiento, que nadie y menos yo, es imprescindible. Y, a pesar de lo que pudiera parecer, eso me libera: no pasaría absolutamente nada si yo no estuviera. Nadie depende de mí, nadie sufriría penurias si yo me alejara entre la última niebla.

Mi mirada vuelve a perderse siguiendo las volutas de mi cigarrillo. Mi mente vuelve a vagar tranquila por nuevos pensamientos, sensaciones, ideas… mi pecho se dilata mientras una nueva bocanada de humo penetra en mis pulmones.

(150/66) Sentada a tu lado.

 

Estoy sentada a tu lado, muy cerquita pero sin darte calor (sé que no te gusta). Tu mano en la mía, en una suave caricia de reconocimiento,  en un ligero roce que nos dice a ti y a mí: “Estamos  aquí, seguimos aquí”. No es nuestro único contacto: nuestras miradas se cruzan y se mantienen, nuestros ojos dicen lo que nuestras bocas callan, la tuya por agotamiento, la mía, por no perturbar tu descanso; tampoco es necesario, ellos ya hablan por nosotras. Los tuyos me hablan de tu cansancio, de tu dolor, de la tristeza que conlleva el no encontrarse bien, de esa fatiga mental que acompaña insidiosa a la fatiga física… Los míos te hablan de cariño, de lo que daría por poder aliviar todo ese dolor, de lo que me alegro porque me permitas estar a tu lado, también te hablan de consuelo, de esperanza, de los avances, lentos pero ciertos, de cada día…

Hace dos días no pudiste hablarme, hoy, a pesar de tu cansancio, ya hemos conversado un poquito. Te conozco, sé lo que está pasando por tu cabeza y te entiendo; sé de tu desesperación, de tu independencia, de tu temor,… pero también sé de tu rebeldía, de tu valor, de tu fuerza. Sé de esa entereza que te hará salir airosa de toda esta locura. La batalla no fue el día cuatro, hace apenas cuatro días, la batalla empezó justamente a partir de ese día, cuando dejaste atrás ese sueño inducido para entrar en una ruda realidad. Ahora es momento de reunir fuerzas, de recomponerte, de dejarte cuidar, de pensar en ti. Ahora es momento de darte tiempo, de pasos cortos, de apoyarte en todo y en todos los que te rodean: Ahora empieza la batalla. No estás sola, nunca lo estarás.

Te quiero. Mi niña. 



Blog creado con Blogia.
Blogia apoya: Fundación Josep Carreras

Contrato Coloriuris