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154/66 MIRADAS DESDE EL OTRO LADO
Cierro los ojos y recuerdo sus voces, sus palabras,... también sus silencios; esos silencios elocuentes que completan del todo lo que las palabras no son capaces de trasmitir. Recuerdo cada instante, las conversaciones,... las miradas; esas miradas cómplices de quienes se conocen, de quienes se quieren aún sin que tenga demasiada explicación ese afecto...
Mi recuerdo retrocede en el tiempo, hacia conversaciones en donde no había ojos ni gestos ni rostros ni manos... donde el conocimiento mutuo era a través de frases demasiado cortas, demasiado concisas para adivinar apenas retazos de alma o a través de escritos paridos en momentos de íntima soledad... Y, a pesar de la dificultad, en aquellos momentos aprendí a quererlas.
Abro los ojos y veo los suyos, sus rostros, sus manos, sus gestos... y me resulta absolutamente exquisito tenerlas a mi lado, hablándome, contándome ya con voz, con risas, con gestos, con miradas... lo que entreví a través de una pantalla hace algún tiempo.
Ya estoy en casa y, lentamente, recupero mi rutina pero la fragancia de las bellas rosas blancas con las que he estado compartiendo estos días continúa a mi alrededor y, a pesar de la teórica distancia, la esencia de cada una de ellas perdura en mi alma, reconfortándome y haciendo que el mundo, mi mundo sea cálido, grato y más confortable.
P.D. 1: Isa, Gó, Gloria, María... gracias infinitas por estar en mi vida.
P.D. 2: María, sé que lo de estar en mi vida te vino de rebote, pero, hija mía, lo siento... ¡es lo que hay!... jejeje.
153/66 TRES SOÑADORAS
Me gusta conducir, es algo que ya lo he comentado en más de una ocasión. Me gusta conducir porque..., quizás sea porque es algo en lo que tengo casi siempre la última decisión... puedo correr o no... ir al límite de la señalización o tirarme un poco a la bartola, detenerme en donde yo decida hacerlo y, aunque dependo de una máquina, en un alto porcentaje cada paso es una decisión totalmente mía. Me gusta esa sensación de libertad, de "alejarme de" pero también de "ir al encuentro de", visualizar el camino que me queda por recorrer y, también el que ya he recorrido; escoger entre las posibilidades, ese control de cada momento, incluso teniendo que estar en continua alerta, me gusta.
Esta última escapada ha sido absolutamente exquisita. Estando a vuestro lado tengo esa misma sensación. Esa sensación de ser yo, de que siempre soy yo, de que soy más yo; a cada instante, en cada acto y que, además, eso es suficiente...
Quizás no sepáis de que hablo... aunque creo que sí y, también sé que os defenderéis de esto que estoy diciendo pero no hay defensión posible, sois culpables de que me sienta así, cómoda, querida, incluso "importante". Sé que decirlo claramente es complicado, por nuestras muchas conversaciones, tanto a vosotras como a mí nos cuesta aceptar piropos... ¡¡¡Es tan fácil caer en la estupidez que tanto nos molesta a las tres!!!
Formamos un buen trío: Tres soñadoras. Cada una con sus sueños particulares, íntimos, personales e intransferibles. Cada una con su historia de vida, sin interacción aparente, sin similitudes, con argumentos absolutamente diferentes... A cualquiera que nos conozca hasta podría chocarle esta amistad por lo distintas que somos pero es algo tangible y respirable, nacida en la virtualidad, es cierto, pero trasladada a una realidad común a las tres con la mayor naturalidad. Solo me queda por añadir algo que también es real: Os quiero, mis niñas.
152/66 Disturbios
Cuando abrí las puertas de esta “casa”, una de las cosas que más me costó fue buscarle un nombre. Quería que, de manera sencilla, explicara el contenido y el motivo de su existencia. Cuando me decidí no obvié el hecho de que el nombre iba a provocar alguna que otra sonrisa burlona por la similitud con el título de cierta serie de éxito de hace unos años (algo curioso: no seguí la serie…). Por un lado, quien me conoce, sabe que arrancar sonrisas es una de mis aficiones, por ello asumí el riesgo y, por otro, es la frase que mejor define el sentido de este blog.
Siempre plasmo sentimientos, sensaciones o impresiones, siempre desde la sinceridad más íntima; lo he necesitado y lo sigo necesitando, pero no siempre me es fácil depositar en una entrada, algo accesible a cualquiera que le pueda interesar, lo que mi alma me dicta.
Últimamente ando un tanto perdida entre lo que necesito y lo que“puedo” escribir. Perdida en un intricado laberinto de esas sensaciones que hacen que me sienta viva. Perdida entre la necesidad y el pudor de decir lo que siento.
Estoy en medio de una batalla a brazo partido en varios frentes; de la que lo único que saco en limpio es un cansancio extremo, extenuante y opresivo. Cada frente requiere una estrategia distinta y, a veces, contradictorias entre si, por lo que debo estar siempre alerta, despierta y a la defensiva. Creo que, de tanto escucharme y escuchar, estoy perdiendo perspectiva, estoy confundiendo prioridades, amasando demasiados silencios, mascando demasiada intranquilidad. Esto me mantiene en continua actividad por lo que no consigo el descanso necesario para recomponer mi estabilidad personal y, a causa de ello, mi inseguridad crece provocando una serie de cataclismos, pequeños pero muy desequilibrantes.
A veces me pregunto si lo que trasmito es que soy estúpida, que soy alguien que no se entera de nada y de la que se puede uno aprovechar sin problema. No lo sé… trataré de averiguarlo.
151/66 Humo

Aspiro despacio y profundamente, saboreando la bocanada de humo que inunda mi garganta; mi pecho se dilata mientras el humo entra en mis pulmones. Espiro mansamente. Parte de ese humo sale por entre mis labios, otra, por la nariz, mezclado con mi respiración. Mi mirada se pierde lejos de la humareda, mi pensamiento divaga por recuerdos, pensamientos, ideas,… en nada en concreto, formando una extraña concatenación de sucesiones que permiten que mi cabeza no se detenga demasiado tiempo en ningún punto determinado.
Escucho mi propia respiración y el latido de mi corazón en mis sienes; cierro los ojos y pienso…
Siempre son gratos los momentos en los que tú ocupas mi mente.Recuerdo cada instante con ese regusto inolvidable que deja lo bueno. El primer contacto visual en aquel primer encuentro y aquella sensación de que ya llevabas mucho tiempo en mi vida: me eras grata, entrañable y, en aquel preciso instante te volviste, además, necesaria.
Centro mi pensamiento en mi espacio. Observo lo que me rodea que, por cotidiano, es casi invisible: las fotos, mis libros, algún que otro pequeño detalle, la lámina de mi cuadro favorito…
Mi pensamiento cambia y se gira hacia mi tiempo. A veces me pregunto, como ahora, que qué es lo que hago aquí; y no me refiero a mi casa, me refiero al mundo, a la vida; cuál es el sentido de levantarme por las mañanas, cuál es el motivo para dar el siguiente paso y, la verdad, es que no se lo encuentro.
Pienso en ello desapasionada, fríamente, sin amargura. Pienso en las personas que quiero y llego a la conclusión de que soy un mero adorno, un pequeño acompañamiento, que nadie y menos yo, es imprescindible. Y, a pesar de lo que pudiera parecer, eso me libera: no pasaría absolutamente nada si yo no estuviera. Nadie depende de mí, nadie sufriría penurias si yo me alejara entre la última niebla.
Mi mirada vuelve a perderse siguiendo las volutas de mi cigarrillo. Mi mente vuelve a vagar tranquila por nuevos pensamientos, sensaciones, ideas… mi pecho se dilata mientras una nueva bocanada de humo penetra en mis pulmones.
(150/66) Sentada a tu lado.
Estoy sentada a tu lado, muy cerquita pero sin darte calor (sé que no te gusta). Tu mano en la mía, en una suave caricia de reconocimiento, en un ligero roce que nos dice a ti y a mí: “Estamos aquí, seguimos aquí”. No es nuestro único contacto: nuestras miradas se cruzan y se mantienen, nuestros ojos dicen lo que nuestras bocas callan, la tuya por agotamiento, la mía, por no perturbar tu descanso; tampoco es necesario, ellos ya hablan por nosotras. Los tuyos me hablan de tu cansancio, de tu dolor, de la tristeza que conlleva el no encontrarse bien, de esa fatiga mental que acompaña insidiosa a la fatiga física… Los míos te hablan de cariño, de lo que daría por poder aliviar todo ese dolor, de lo que me alegro porque me permitas estar a tu lado, también te hablan de consuelo, de esperanza, de los avances, lentos pero ciertos, de cada día…
Hace dos días no pudiste hablarme, hoy, a pesar de tu cansancio, ya hemos conversado un poquito. Te conozco, sé lo que está pasando por tu cabeza y te entiendo; sé de tu desesperación, de tu independencia, de tu temor,… pero también sé de tu rebeldía, de tu valor, de tu fuerza. Sé de esa entereza que te hará salir airosa de toda esta locura. La batalla no fue el día cuatro, hace apenas cuatro días, la batalla empezó justamente a partir de ese día, cuando dejaste atrás ese sueño inducido para entrar en una ruda realidad. Ahora es momento de reunir fuerzas, de recomponerte, de dejarte cuidar, de pensar en ti. Ahora es momento de darte tiempo, de pasos cortos, de apoyarte en todo y en todos los que te rodean: Ahora empieza la batalla. No estás sola, nunca lo estarás.
Te quiero. Mi niña.
(149/66) Gloria
Por la mañana temprano te llevarán, te cuidarán, te mimarán, te darán lo necesario para que la consciencia te abandone lentamente, adormeciéndote en un extraño sueño. Así empezará tu mañana.
Para los que queden fuera empezará su mañana: nervios, furias, dudas, incertidumbre, y espera… una larga espera. Mañana será un día complicado, en donde se repasan situaciones, recuerdos, esperanzas, proyectos; un día donde la fortaleza aparece y desaparece. En donde la compañía consuela y molesta. En donde la preocupación lo ocupará todo provocando una cascada de sensaciones.
Me uno a ellos pero sobre todo me uno a ti, mi niña. Permaneceré en silencio en un rinconcito de tu inmensa alma, con el abrazo preparado para cuando lo necesites. Sé, estoy convencida de ello, de que está batalla la vas a ganar, como otras tantas batallas con la que la vida te ha ido probando.
Te he mirado a los ojos (gracias por esos cálidos días tan sumamente especiales… y por el resto de los días… también) y he visto mucha vida. Hay mucha luz en esa mirada con la que iluminar el camino de los que tenemos la enorme fortuna de contarte a nuestro lado.
Te quiero, Gloria.
P.D.: Recuerda que tienes algo mío y que me debes un corte de pelo, (lo cortés no quita lo valiente).
(148/66) Evaporaciones
Me confundo en la niebla, despacio, dejándome empapar por su humedad. Construyendo poco a poco un todo ninguneante; desapareciendo entre el vapor de las sutiles nubes. Cierro los ojos y dejo de percibir la deslumbrante luz que me desquicia. Evaporándome lentamente me difumino entre el resto de las sombras, mezclándome con la absorbente multitud anónima que todo lo confunde.
Ya pertenezco plenamente al frío intenso de la gélida niebla, mi sangre se espesa aterida, fluyendo cada vez más lenta, deteniéndose cansinamente por la falta del cálido latido de un corazón entregado. Me impregno de soledad, de tristeza, de húmeda y espesa niebla. Aspiro el peculiar olor de esa mezcla rancia y ocre, fuerte y penetrante; mixtura de lágrimas jamás vertidas, de pensamientos inconclusos, de sueños defraudados, de carentes compromisos… Y siento como la vida va abandonando lentamente mi alma, convirtiéndome en un guiñapo de piel y huesos.
La mediocridad me rodea, me aísla de todo aquello que quiero, me mantiene alejada de lo que da sentido a mi existencia y permanezco inerte, sin fuerzas para sacudirme la desidia del desencanto, del desengaño, del asco, de la falta de fe en embarcarme en una nueva búsqueda arrastrando restos inservibles de otra que ha resultado fallida y frustrante.
Cada vez que pienso que ya puedo liberarme de mis silencios, de que he encontrado a alguien que los entenderá, que los romperá sin miedo… debo regresar a ellos, regreso impulsada a golpes de consciencia, de realidad, de verdad demostrada: no he encontrado a ese alguien, sigo en singular y me pregunto si seré muda sin ser consciente de ello, si mis palabras son solo una ilusión de mi cerebro.
Estoy cansada, dolida, herida,… Estoy por estar, porque es lo que hay que hacer, porque es lo que hay… Estoy y creo que, en estos momentos, es más de lo que puedo.
(147/66) Después de tanto tiempo…
…he vuelto a coger la pluma y me he enfrentado a la hoja en blanco. Hacía tiempo que no experimentaba este vértigo, esta sensación de “sola ante el peligro”… y me gusta; reviso y retomo viejas costumbres y palabras, sin preocuparme por un futuro más lejano que el que me acerca al próximo párrafo. Y me dejo llevar suavemente; las palabras acuden sin demasiado esfuerzo. Todo está bien, todo está en orden.
Entro en el blog y me embarga un sentimiento parecido al de retorno al hogar después de una larga ausencia: abro la puerta y todo está tal y como lo he dejado, como congelado en el momento de mi marcha aunque con todo lleno de polvo, el correo almacenado y la nevera vacía. Un ligero pinchazo de la consciencia me advierte del trabajo que me queda por hacer pero también siento que estoy donde debo estar. Levanto la sábana que cubre el sofá para poder sentarme a clasificar el correo: alguna factura sin pagar (gracias, BOIRINA, gracias, OM), mucha publicidad y esos mágicos regalos que siempre son las cartas de los amigos (gracias, mis niños), mensajes de corazón a corazón: Estoy en casa.
Ha sido una ausencia prolongada y buscada… también un tanto impuesta: demasiadas sensaciones para ordenar, para clasificar, para comprender… demasiadas… no disponía ni de palabras suficientes ni de tiempo suficiente ni del valor suficiente para enfrentarme a esa marejada de sensaciones: debía esperar y creo que ya ha llegado el momento, ese momento donde el regreso se hace necesario, casi imprescindible.
Varias batallas… algunas perdidas… Tiempo de retomar costumbres abandonadas, de administrar dosis de auto atención, de recapitular sobre momentos vividos, tiempo de lamer heridas, de dejarlas cicatrizar vigilando las infecciones… Tiempo de reconstrucción… Buen momento para regresar a casa.
(146/66) 44 el 22.
Como cada año en el día de mi cumpleaños trato de que no suceda nada especial, trato de que todo transcurra con normalidad, que nada perturbe la tranquilidad habitual. Intento que la luz del día sea igual de luminosa que el día anterior y que el día siguiente, que el sol caliente el amado rostro de los míos, que la sombra de los castaños los proteja de las quemaduras por la exposición extrema a la vida y que sus sonrisas balsámicas seden su alma del dolor. Cada año que pasa me ratifico en sentir que nada es distinto a otro día, que nada importante sucede y que la fecha realmente no señaliza nada. Después de haber pasado ya unos cuantos me reafirmo en esta idea: realmente nada importante ha pasado, nada importante pasa, nada importante pasará por estar yo aquí… un día más entre los 16.071 días que llevo vividos, disfrutados o sufridos, algunos aletargados en extraños laberintos, en soledad buscada o no, en complicidad… 385.704 horas gastadas en vivir o por lo menos en intentarlo.
Lo más importante: Gracias por compartir conmigo algunos de los 23.142.240 minutos u otra cualquiera de esas particiones de tiempo en las que, por alguna razón, necesitamos medir y pesar nuestra vida, gracias por “invadir” la mía, gracias por “perturbar” esa tranquilidad de la que siempre hablo, a la que siempre añoro pero a la que no me importa renunciar por alguien importante: Tú, cualquiera de los Tú que hacen que mi vida cambie de prisma continuamente, enriqueciéndome.
(144/66) Pétalos y espinas.
La vida, como las rosas, tiene aterciopelados pétalos y también, como ellas, afiladas y punzantes espinas. Nos envuelve con su fragante aroma, impulsándonos a cerrar los ojos para disfrutar y dejarnos envolver por su fragancia y, cuando nos descuidamos, nos lacera la piel hasta hacernos sangrar. Siempre nos sorprende porque nunca esperamos tanto dolor de algo tan bello. Hay una frase que he leído en el acogedor hogar de Darilea (perdóname la licencia, mi niña) que dice: “Siempre queda perfume en las manos de quien ofrece rosas”. Cada vez que la leo me gusta pensar además que quien las ofrece se ha brindado a correr el riesgo de lastimarse en las espinas pero también se arriesga quien tiende sus manos para aceptarlas.
Hay momentos en la vida en los que solo podemos alcanzar a ver y sentir en nuestra carne las lacerantes espinas, sabemos que es una herida que supurará para siempre. El dolor causado nos conducirá por las oscuras sendas de la tristeza más amarga. Espinas que se quedan clavadas para siempre en nuestra alma y que impiden que nuestras heridas se cierren. Pero nos quedan los recuerdos, esos pétalos prensados y secos entre las páginas de nuestra vida y que, a pesar del daño que nos provocan, se convierten en íntimos altares, en eternas ofrendas de amor dedicadas a quién nos entregó un hermoso ramo de las más fragantes y bellas rosas.
Hay otros que nos concilian con la vida, no nos compensan pero si matizan el dolor enquistado, rellenan los espacios vacíos, mitigan los tiempos muertos, besan nuestras cicatrices, nos sostienen en esos otros de caída libre y consiguen que nuestro corazón se embriague y palpite con pulso ilusionado. Nos dejamos empapar por esa suave lluvia de frescos pétalos que nos reconforta, que nos devuelve la sonrisa espontánea, que seda nuestra alma inundándola con su fragancia, convirtiéndola en un reconfortante océano de amor y ternura.
Gracias por las rosas que me ofreces cada amanecer, por esa lluvia de pétalos que me cala el corazón, anegándolo de ilusión y belleza. Gracias, Mi Alma. Lo conseguiremos.
(142/66) Nausea
Como una nausea las palabras me inundan el estómago, trepan por mi tráquea y se agolpan en mi garganta; la sensación de ahogamiento me angustia. Trago saliva en vano intento de suavizar esa sensación, respiro por la nariz, profunda y lentamente, no consigo nada. Siguen luchando por salir. Me deslizo hasta el suelo apoyando la espalda en la pared, rodeo mis piernas con los brazos en un triste intento de abrazo consolador, recuesto mi cabeza en las rodillas y trato de no pensar. La cabeza se llena de imágenes, sonidos, olores… abarrotándose, complicando la nausea con un mareo intenso. Todo gira. Aprieto mis piernas con más fuerza para recuperar la serenidad. Sigo apretando, mi cuerpo se pone tenso y el tiempo transcurre sin sentido.
La nausea ha pasado aunque la sensación de profundo asco ha quedado grabada en mi cerebro. Tengo la lengua encorchada, seca, áspera. Empiezo a moverla para que la saliva acuda y me quite el sabor acre y amargo de la angustia. Me roza con el paladar como si fuera un papel de lija. Me recupero lentamente de un nuevo episodio que, por conocido, aún me destruye un poco más.
Las palabras siguen ahí, desconcertadas, asumiendo que volverán a ser devoradas por un nuevo silencio. No puedo permitir que salgan, no quiero volver a escuchar frases como: Creo que ya te lo advertí…, ya deberías saberlo…, frases manidas que no soporto, que no conducen a nada y que entierran mis palabras en una tumba a perpetuidad. Tampoco me puedo permitir, de verdad, no puedo, escuchar una historia remotamente parecida cuando mi boca, tras un supremo esfuerzo para superar mi exagerado pudor, se desangra en esas palabras que me destrozan las entrañas mientras pugnan por salir. En serio, no me puedo permitir en esos momentos escuchar lo que pasó en una situación que no tiene nada que ver con la mía porque, ni se parecen ni somos iguales; cada persona siente y padece de una manera determinada, los motivos son diferentes, las causas son diferentes y, por lo tanto, los efectos son diferentes, no hay posible comparación, la similitud es imposible.
Necesito un escuchador, alguien que no opine, que no critique, que no juzgue, que no diagnostique, que no haga reproches, que no teorice, que no me abronque, ni que se convierta en protagonista de un momento, mi momento, al que me cuesta horrores llegar… necesito alguien que se limite a escuchar. Que hable si es necesario, cuando yo desfallezco en el intento de romper la lápida bajo la que están enterradas mis palabras, ésas que describen lo que siento, como lo siento, como me siento… Que se convierta en mis oídos para que yo, a través de ellos y de mi voz, pueda tornar a la cordura.
"Gracias, mis niñas"
(141/66) Un día complicado.
Hoy es un día complicado, recuerdo de otro día más complicado aún. Aquél me sigue pareciendo irreal, una malvada ilusión de mi mente en un momento de enajenación mental. Pero sé que no es así, cada amanecer compruebo que no es así. Y me sorprendo porque he superado su muerte pero no su ausencia. He aceptado la forma, pero no lo sucedido. Aún no he podido llorarla, ni creo que lo haga nunca, tampoco he descubierto si es bueno o es malo no haberlo hecho… creo que no es lo importante.
Aún me sonrío con “sus cosas”, esos “detalles” tan suyos, esas manías o esas reacciones ante determinadas situaciones que solo podías esperar que se le ocurrieran a ella. Aún está tan viva en mí que, a veces, me sorprendo contestándole mentalmente porque sé perfectamente lo que me preguntaría y lo que me diría o escuchando un matiz determinado en el tono su voz al pronunciar mi nombre cuando hago alguna de vaqueros.
Hoy es un día complicado en las costumbres y en las carencias, en el corazón y en el alma y, aunque lo cotidiano me entretenga con su obligatoriedad, hay momentos realmente difíciles. Entender y asumir no siempre resulta fácil, no siempre me adapto a prescindir de alguien que, solo con su presencia, lograba llenar una parte importante de mi vida y, a pesar de que no lo hiciera conscientemente, ella lo conseguía.
Hoy es un día complicado pero, como todos los días, los complicados y los sencillos… caerá la hoja del calendario, pasando a formar parte de lo pasado. Aquel día ha dejado una nueva cicatriz en mí, marcando y curtiendo una vez más, la piel de mi alma.
140/66 Un paseo diferente.
Pasear era uno de los mayores placeres, pasear mientras su pensamiento volaba lejos a aquellos lugares donde su imaginación quería llevarle. Lo hacía siempre y había conseguido tanta práctica en no estar donde estaba su cuerpo que le resultaba muy sencillo. Comenzaba a andar, con o sin destino, y un resorte en su cerebro la transportaba a donde su deseo le pedía. Su mente generaba todo lo necesario para hacer muy real su ilusa “vivencia”, recreaba paisajes con todo lujo de detalles, a veces eran totalmente inventados pues no siempre conocía el sitio en el que le gustaría estar.
Aquel paseo no era como todos, pero su cabeza, en total comunión con sus pies, empezó a preguntarle que era lo que deseaba y, como siempre, comenzó un grato viaje. Surgían las imágenes, los olores, las sensaciones,… comenzó a extrañarse pues a su cabeza no acudían otras distintas de las que veían sus ojos, a sus oídos no llegaban otros sonidos que los reales, ni a su nariz otros olores…
Aquel paseo no era como todos, aquel paseo era distinto pues había comenzado de una manera distinta: Paseando al lado de la persona que amaba. No necesitaba nada más. No necesitaba encontrarse en otro sitio, ni necesitaba estar haciendo otra cosa.
Una sensación de bienestar empezó a apoderarse de sus sentidos: estaba exactamente donde y con quien quería estar. Sus ojos se encontraron y su corazón se llenó del amor y la ternura que solo ella era capaz de inspirarle.
139/66 Escuchar
Cierro los ojos y escucho mis recuerdos, los oigo acercarse lentamente, disfrutándolos, permitiendo que me inunden, que invadan cada milímetro de mi mente. Los recorro con paso corto, parándome en los detalles, reinventando instantes, recreando momentos. Siempre me llevan al mismo sitio. En el fondo de mis párpados permanece la misma imagen: tú.
Con los ojos cerrados abro mis brazos y empiezo a cerrarlos despacio, muy despacio y, en un imaginado abrazo, los cierro alrededor de tu cuerpo apretándolo contra el mío. Mis manos se llenan de tu recuerdo sintiendo como real tu suave y cálida piel.
Hablar, percibir, adivinar, conocer… sentir, sobre todo sentir tu cercanía ha sido realmente mágico, especialmente grato, exquisitamente único. Me conociste en un momento de demencial soledad, de absorbente tristeza, de alienante conocimiento de mi misma. Un momento de intransigencia personal, de exigencia máxima, de miopía, casi ceguera, en cuanto a sentimientos y sensaciones, de absoluto vacío interior, de inquietud interna, de delirante desencanto. Apareciste en el instante en el que había decidido dejar de buscar porque la búsqueda, además de infructuosa, se había convertido en la dolorosa certidumbre de que nada merecía la pena. Te conocí en ese instante en el que la frontera se sitúa entre la resignación o la demoledora desidia y en el que la conclusión es que ya nada tiene demasiado sentido.
Empieza un nuevo año. En estos días mi espíritu navideño anda un poco desaparecido, quizás las ausencias pesan cada día más… tu lejanía no ayuda nada a mejorar ese espíritu. No suelo pedirle nada al año nuevo, porque creo que las cosas hay que tomarlas como vienen y tratar de arreglarlas así como llegan pero este año, durante las campanadas, dejé volar mi recuerdo y mi esperanza hacia ti porque quiero que este año sea nuestro año o, por lo menos, sea el pilar donde se asiente un futuro que, espero, quieras compartir conmigo.
Últimamente no he tenido muchas ganas de andar en este mundo virtual, mi pensamiento está muy lejos, al otro lado de un mar al que amo con devoción aunque, de un tiempo a esta parte, miro un tanto recelosa pues me mantiene alejada de alguien a quien amo. Pero no por ello penséis que os olvido, en mi corazón todos tenéis una parcela reservada y con vuestro nombre. Y no puedo por menos que desearos un año repleto de todo aquello que consiga que seáis las personas más felices del mundo. Es una petición un poco egoísta porque, si lo conseguís, mi felicidad será más redonda.
FELIZ AÑO NUEVO
(138/66) De mayor quiero ser...
Me gustaría ser una hada, una de esas rechonchonas, llenas de tules azul cielo o rosa pastelito Pantera Rosa... y cara de bonachonas (aunque lo de los tules... como que no me veo, pero bueno, corramos un tupido velo, nunca mejor dicho) que con su varita mágica van haciendo felices a niños y mayores.
Podría ir dando varitazos mágicos a diestro y siniestro, por ejemplo, uno para repartir un poco de insatisfacción, y diréis, ¿insatisfacción? pero eso no es bueno, y yo os contestaría: "La insatisfacción es buena es su justa medida, ¿hay alguien más estúpido que una persona tan satisfecha de sí misma que consigue perderse lo hermoso de la vida, esa curiosidad del aprendizaje cotidiano, porque cree que lo sabe todo?".
También repartiría algo de envidia, pero de la sana, de ésa que nos hace darnos cuenta de que podemos mejorar cuando vemos lo que hacen los demás y que busquemos la superación personal.
Iría volando (no sé como iba a hacer... tengo vértigo, sólo de pensarlo me están entrado las siete cosas, me caigo seguro, aaaggg) tratando de cumplir los deseos de todo el mundo, aunque en el medio, repartiría un poco más de sentido común (que no sé porqué le llaman común, porque ¡mira que cuesta encontrar a alguien que lo tenga!).
Me lo he pensado mejor, no voy a ir volando, mejor voy a utilizar el don de aparecer de repente (aunque imagino la escena: con mi aspecto y vestida de tules apareciendo así, de súbito... me cargaré a alguien de la tremenda impresión, fijo) para conceder los deseos de todos añadiendo un punto de imaginación y otro pellizco de ilusión a aquéllos que no la tengan.
Que no... que "pasta" no repartiré... sino seguro que, cuando vaya volando, alguien sacará su escopeta de caza (una de esas que nadie tiene pero que "surgen de la nada") y se dedicará a estropearme los tules a perdigonazo limpio... y ya estoy mayor para ciertas impresiones.
Bueno, dejaré de soñar y me pondré a trabajar, que tampoco es mala idea, ahora, eso sí, de ser un hada sería un hada muy buena, aunque lo de los tules lo llevaría fatal y pondría de moda las hadas con ropa pret a porter o sport, según el momento del día, que hasta al mundo de la fantasía le hace falta una actualización en sus maneras de vestir.
Este es un pequeñito homenaje a mis hadas madrinas particulares (que no os reconcoma la envidia: Sí, tengo varias):
-Virginia y Arena . Dos personas realmente maravillosas y de las que me enorgullezco de llamar: "Amigas".
(136/66) Renacer en ti, Mi Alma.
A través de este medio he conocido, espero seguir conociendo, a personas realmente valiosas que se han ido incorporando a mi vida cotidiana, personas que, de otra forma, jamás sabrían de mi existencia y que consiguen convertir mi pequeño e íntimo mundo en un lugar cálido y acogedor.
He estado unos días ausente de esta parte de mi vida, de esta parte virtual; y cuando digo ausente, me refiero a una ausencia real, física. Han sido unos días muy especiales, muy esperados y muy intensos. Días de dedicación exclusiva en los que mis sentidos solo han tenido un objetivo, días en los que no existía nada más que un motivo: conocer, disfrutar y sentir a Mi Alma.
Encontrarnos, pasear, compartir café y conversación, risas y confidencias, miradas y caricias, disfrutar de paisajes y bellos atardeceres que, por su presencia, fueron infinitamente más bellos todavía… Enriquecedores momentos compartidos sin pausas voluntarias, sin prisas, permitiendo que las manos identificaran lo que las almas ya habían presentido, confirmando con los labios lo que los corazones se habían hablado en virtuales susurros.
Instantes de dudas e incertidumbres, de silencios mal entendidos, de inseguridades, de inquietudes, de expectativas que se escurrían entre nuestros dedos y que íbamos salvando a golpe de interés, de cariño, de ganas, de necesidades expuestas, de ofrendas de amor y de deseos compartidos ante un sol crepuscular, testigo de todas las emociones que iban surgiendo desde y entre nuestros corazones.
Amanecer a tu lado me ha dado un nuevo motivo, renovador e imprescindible, para respirar. Has inyectado en mis venas sangre fresca y vital, has conseguido que mi corazón, que ya latía cansado y por inercia, bombee con fuerza y alegría. Has plantado en mi mente, agotada y desencantada, ilusiones y sueños que ya pensé que nunca más florecerían. Me has hecho sentir llena de vida, Mi Vida.
No sé como será lo que me queda por vivir pero sé que quiero que sea a tu lado y compartir contigo, Mi Alma, cada segundo de aliento.
135/66 Urgencias.
Quizás como una penitencia, como un extraño modo de pagar algo que aún no sé lo que es ni porqué lo debo, quizás por mis íntimas carencias, por mis deseos o mis secretas aspiraciones, quizás porque la vida me enseña que no siempre conseguimos lo que deseamos, que no siempre disponemos de nuestra existencia, que no siempre somos importantes, que no somos imprescindibles, que soñar es gratis pero conseguir esos sueños no lo es... Quizás por todo esto siento como se me acumulan las urgencias. Demasiadas urgencias…Urgencia de ti, Alma, sobre todo de ti. También de ti, amiga mía. Y de ti, futurible e hipotética persona importante en mi vida... Urgencia de presencias ausentes, de ausencias muy presentes, de ausencias que serán presencias en un eterno corto espacio de tiempo y que llenan de ilusión un corazón más entristecido de lo que quisiera o esas otras que se convierten en imperiosas necesidades pero que mi resignación, natural aunque rebelde, me permite comprender que no serán cercanas en el tiempo. Urgencia de sentimientos y sensaciones, de nuevas situaciones, de posibilidades, de seguridades, de serenidad, de deseo, de pasión, de amor… Urgencia de cariño, de exigencia, de entrega. Urgencia de tu sonrisa, de tu palabra y de tu ser, Vida.
Urgencias que se vuelven cada vez más apremiantes e insidiosas y que, tras una profunda respiración, larga concentración y severo razonamiento, consigo adormecer y confundir entre los pliegues de mi espíritu. Pliegues cada vez más cargados de viejas urgencias, de nuevas esperanzas, de mucho dolor, de logros antiguos, de recién estrenados sueños, de esperas desesperantes. Urgencias que provocan arrugas en un alma, la mía que, de vez en cuando, siente el peso del paso inexorable y voluble del tiempo como una fría y pesada lápida sin nombre entre cientos de lápidas sin nombre. No quiero pensar demasiado en esas urgencias, cerraré los ojos y dejaré que la brisa me provoque, el sol me estimule, la luna me acompañe y que las olas mezan mi descanso, ese descanso que, en estos momentos, siento como urgente.
(132/66) Pasear contigo
Quisiera sentir tu piel y tu sonrisa enamorando mi mirada; que mi mundo, pequeño e íntimo, se te fuera haciendo indispensable y que mis palabras llegaran a tus oídos con la fuerza con las que mi corazón las pronuncia en sonoros susurros, como una sentida y profunda oración.
Te imagino paseando conmigo justo por el borde de La Luna Llena, viendo nuestras sombras reflejadas sobre La Tierra, este planeta que cada vez me es más ajeno pero en el que habitan personas que me son imprescindibles. Caminando juntas, sincronizados nuestros pasos, satisfechas de dicha, de amor, de compañía. Sentada a tus pies, notando tus dedos en mi pelo y tus tristezas, grandes o pequeñas, batiéndose en retirada.
Me imagino comulgando cada mañana con el pan de tus labios, saciando en ti mi hambre y mi sed. Sintiendo tu cabeza apoyada en mi hombro y tu respiración sosegada de confianza. Me imagino mi alma como un escudo que absorbiera todos los golpes que la vida te depare, que bajo su protección nada aconteciera, nada que la pena domine, nada que perturbe tu sonrisa.
(131/66) Cuando escribo...
Cuando escribo suelo permitir que la pluma se deslice sin fuerza ni premeditación. Dejo que vaya plasmando lo que va surgiendo de su pequeño corazón cilíndrico. A veces las palabras quedan enganchadas en la plumilla y, apuntando al papel, se queda quieta, en el aire, dudando de como seguir, hasta que vuelve a caminar con lentitud pero con firmeza por el renglón que ella misma va trazando, y en su trayectoria va depositando trocitos de sentimientos, extractos de modestas reflexiones, retazos de historias quizás contadas muchas veces pero vividas una sola, bosquejos de sueños y algún que otro final feliz. Pocas veces se detiene en su andar, ese caminar que discurre sobre la estrecha línea que separa la imaginación menos irreal y la realidad más desbordada.
Mi sangre se mezcla con su sangre sepia, consiguiendo que mis sentimientos y mis ideas se depositen en el paisaje de un folio, imponente y frío en su árida simplicidad; que se torna acogedor cuando, después de vaciar mi alma, su blanco semblante se destruye entre palabras deslizadas desde el corazón a través de la mágica tinta capaz de describir lo que no sabía ni que existía. Las historias y las descripciones son un reflejo de mis sensaciones, de mis pensamientos, de mis ilusiones o de mis inquietudes; y cuando las leo me sorprendo porque han salido de mi pluma, de esa pluma que tiene vida, sentimientos y sensaciones tan parecidas a las mías.
(127/66) Estela
A veces me sorprendo sonriendo mientras pienso. Sonrío acordándome de situaciones vividas sin pensar pero que han quedado grabadas en mi estela. Esa estela que me recuerda lo vivido y lo no vivido, lo que he querido y lo que he podido, lo que fue, lo que es y, también, en lo que no pudo ser. Y esa misma estela envía bellos reflejos sobre el mar que se extiende ante mí, en calma chicha a veces y otras, enfurecido y destructor, pero siempre inmenso.
Y sé que camino abriendo esa estela inconscientemente, por inercia de vida, una inercia inconsciente que no me impide disfrutar de la singladura, surcando ese mar al que adoro y respeto, dejando marcada con espuma mi trayectoria sobre su superficie. Y en el fondo de mi sonrisa paso de ser una barca a la deriva, tan pequeña como un cascarón de nuez, a convertirme en esa gota de agua que escala la cresta para poder avistar la orilla en el horizonte infinito, intentando adelantarse en esa búsqueda, eterna búsqueda, de la playa tranquila y sosegada en donde plantar mis pies para siempre y, abrazada a una vida que no es la mía, vivir mis restos. Pero sé que mientras esto no ocurra, como barca o gota, me dejaré envolver en la brisa y en la ola, en la luz del sol y la bruma marina, en el rayo de la tormenta y en la fina lluvia, en la delicada fuerza de la tranquila marea llegando agotada a las arenas de diversas playas. Recuperaré mis fuerzas recostándome en la tierra, dejándome poseer por su savia, tomando aliento para continuar grabando mi estela en el mar y esperando que se cruce con otras estelas llenas de gotas de agua, de reflejos, de sueños y de esperanzas.
(126/66) Voy necesitando...
El silencio es el mejor refugio de la tristeza, tanto de la inspirada como de la propia, de la del corazón como de la del alma, tanto de la profunda y opresiva como de esa otra tristeza casi cálida, suave e íntima que se llama melancolía. Siempre me han gustado mis silencios pues me permitían escuchar pero este último silencio me ha resultado demasiado espeso y oscuro pues lo he utilizado voluntariamente para no tener que pensar, para no obligarme a entender, para no tener que reconocer y asumir… demasiadas sensaciones en demasiados frentes, demasiadas desilusiones en demasiado poco tiempo... necesitaba tiempo y espacio y me permití ese dudoso lujo.
Esa opresión que siento en el pecho se me está haciendo cotidiana, muy familiar pues apenas desaparece, vive en mí desde hace tiempo, no es grande pero si persistente aunque a veces sube el volumen de su insistencia y consigue aumentar la sensación de agobio. Un profundo desencanto, una desilusión lacerante que escarba las capas mas profundas de mi ser, formando una sima desconocida y, a veces, deseada y tentadora pues dejarme caer en ella significaría dejar de pensar y sentir. Pensé que había encontrado a la persona que le importarían mis silencios, que los comprendería sin sentirse herida, que trataría de romperlos sin provocar daño, pero no ha sido así. Quizás sencillamente no había llegado el momento, quizás solamente fue un espejismo provocado por mi necesidad de amar o quizás no era para mí y otra tendrá la inmensa fortuna de contar con ella. Me parece justo pues la misma persona que despertó mi ilusión, se arrepintió de haberla despertado, me parece justo pero no por ello duele menos.
Voy necesitando escuchar un latido que no sea el de mi corazón, de sentir una respiración que no sea la mía. Voy necesitando escuchar: ¿En que piensas?, y permitir que sea mi alma la que responda. Voy necesitando sentir de nuevo la concentración que me despierta sentir otra piel en mis manos, escuchar esa piel mientras la siento y mientras la imagino. Voy necesitando que alguien sienta lo mismo por mí. Voy necesitando sentirme necesaria y que no soy un ser más pululando por este mundo.
(125/66) Disculpas
(124/66) Desequilibrio
Hoy me he sentado a escribir, lo necesitaba después de tantos días sin querer analizar mis sensaciones, ¿cobardía? ¿auto defensa?... no sé, quizás sencillamente indiferencia. Me pregunto por primera vez en algún tiempo como me siento y la respuesta es difusa, igual que el ánimo que me embarga. Tristeza, impotencia, desubicación, desilusión, desencanto, incredulidad, enfado… un estado anímico un tanto apático y muy desconcertado. Captar cada una de las sensaciones que me someten no es fácil y todo ello con el agravante de que realmente me da igual saber como me siento.
Me he levantado con la sensación de que nada se termina, de que hay puertas que no se cierran nunca, de que sigo inmersa en el mismo bucle en el que me sentí y en el que aún me siento atrapada, sigo arrastrando situaciones del pasado pero no por apego sino por obligación, de que haga lo que haga da igual y de que no saldré nunca de esta situación. Quiero avanzar pero no encuentro la forma de hacerlo por más que lo intento. Vuelvo a tener que empezar algo sin que me hayan permitido acabar lo anterior, vuelvo a escuchar palabras que no se corresponden con lo hechos, vuelvo a tener que esperar, a crearme unas expectativas que cada vez me cuestan más generar y creerme. Estoy cansada y aburrida de personas que muestran una total indiferencia por los sentimientos ajenos, que dicen y no hacen, que se creen y no son, y tener que escucharlas con una sonrisa en la boca y cara de creerme lo que me están contando. Necesito que algo salga bien sin que aparezca algo que lo destruya, que mi serenidad vuelva y que mi cotidianidad se convierta en eso: en algo que, por previsible, sea tranquilizador; que cada día no surja algo que impida que eso sea así, convirtiendo lo habitual en una continua sorpresa inquietante o desequilibrante. Necesito poder disfrutar de esas otras sensaciones que me aportan las personas y las cosas que de verdad importan sin interferencias estúpidas. Me siento cansada, muy cansada.
(123/66) Filtraciones
Sigo inmersa en este momento tan delicado. Un momento lleno de sensaciones como son las que me transmiten los roces de corazón con corazón y los de alma con alma. Inmersa en ese torbellino que provoca aprender a querer, a quererme y dejarme querer, a sentir, a sentirme y a dejarme sentir por personas que ha decidido, de alguna manera, llamar a mi puerta con la intención de entrar y de no quedarse en el umbral, de internarse hasta lo más íntimo y profundo.
Hay quien lo hace como un vendaval, poniendo todo patas arriba, removiendo y provocando algo que, en tu interior, estabas deseando… tener que reorganizarlo todo: sentimientos, deseos, anhelos, ilusiones… Originando una debacle que consigue despertarte de un paralizador letargo no deseado y provocado por la costumbre, la comodidad o por la falta de un incentivo real y reactivo en tu horizonte. Un tornado catártico y esperanzador para una calma ilusoria y falta de motivación y apoderándose de tu corazón y de tus emociones.
Hay quien se va infiltrando despacio, casi ni notas su presencia, entra de puntillas, haciéndose dueño de tu ternura, tu aprecio y tu cariño poco a poco, sin ruido. Nunca perturba tu calma, más bien, al contrario: apacigua tus instantes de furia compartiendo los suyos; convirtiéndose en alguien esencial y permanente, pautando tu vida, permitiendo que recuperes tus ritmos a fuerza de palabras tranquilas, de sentimientos disfrutados o padecidos y aportándote la inestimable riqueza de la compañía desinteresada.
En definitiva, sigo recorriendo mundos; el mío interior y el mundo de las personas que han decidido y permitido que nuestros mundos interactúen mezclándose en la maravillosa amalgama de la diversidad y la complejidad del Ser, esa diversidad que a veces nos asusta pero que siempre nos llena de nuevas enseñanzas, de esa complejidad que nos desconcierta pero que consigue que comprendamos que cada uno de nosotros somos únicos y maravillosos y transformándonos en imprescindibles compañeros de este viaje que es la vida.
Sé que sabréis perdonarme esta ausencia en la que estoy inmersa y, aunque formáis parte de este mundo, el mío, de una manera directa, necesito esta ausencia para retomarme.
P.D. 1: Antherea , no me he olvidado de tu encargo… estoy en ello.
P.D. 2: Butherfly … gracias, ha sido todo un detalle. Eres un cielo. También me pondré a ello, sin falta.
P.D. 3: Mañana es un día muy especial para mí. Mañana hará dos años la primera vez que publiqué una entrada. No puedo más que sentirme agradecida a todos los que me habéis acompañado a lo largo de estos dos años, incluso a aquéllos que ya no ocupan su sofá en mi salita de estar, pues también han sido protagonistas principales de esta andadura. Gracias a todos los que seguís y que me permitís seguir hablando de mis sensaciones con el conocimiento de que estáis ahí pues eso me ha permitido conocerme en otra dimensión y de rectificar comportamientos que me lastraban. Gracias y miles de besos para cada uno de vosotros.
(122/66) De versos y rosas.
Necesitaba un descanso y me lo he concedido. Aunque no es un descanso inactivo, pues lo estoy dedicando a descubrir nuevas, perturbadoras y hermosas sensaciones. Recorro partes de un mundo que estoy descubriendo en mí… debería decir para ser más exacta: que me están enseñando, pues es una parte que solo alguien puede descubrir, alguien muy especial y maravilloso, alguien que ha sabido colarse a través de todos mis obstáculos y mis dificultades. Un descanso repleto de movimiento e impregnado de matices que necesito reconocer y ordenar y que me mantienen expectante, inquieta y rebosante de vida. Es momento de atención y esmero, de mimo y cuidado. Momento de conocimiento y reconocimiento, de sensaciones táctiles y anímicas, de interpretar intuiciones. Momento en el que el instinto es la única razón, de escuchar latidos y poner significado a palabras pronunciadas desde y para un alma recién estrenada. Momento de sincronizar ganas, deseos, sueños e ilusiones; de sentir, a través de los poros y con los ojos cerrados, el tacto y la reacción imaginados. Momento de aprender y enseñar, de comprender, de transmitir sin interferencias, de escuchar con el corazón y a través de la piel lo que el oído no sabe captar, de adivinar intenciones y adelantar acontecimientos, de vivirlos desde antes de que sucedan e imaginar instantes mágicos cuidándolos desde antes de nacer, para disfrutarlos cuando crezcan. De falsa paciencia, de serenidad expectante y sinceridad sin dudas. De que las manos hablen sabiendo que van a encontrar eco en otras manos. De sentir lo que tantas veces he añorado y de hacer sentir lo que necesito expresar.
Nos hemos encontrado y me has recargado de vida, has agitado un corazón que estaba adormecido. Es momento de versos y rosas, de palabras encendidas y delicados pétalos. Mi Vida, es... Nuestro Momento.
121/66 Escribir desde los silencios
He vivido silencios de barro, pesados y fangosos silencios en donde sentía que mis pies se enterraban sin remedio. Otros han sido de lava, incandescentes y abrasadores, dejando desolación y desconcierto a su paso. He disfrutado de silencios de oro que, aunque profundamente tristes, han sido enriquecedores por compartidos y comprendidos, asumidos y clarificadores. He aprendido a apreciarlos, a medirlos, a pesarlos y, aunque con algo más de esfuerzo, a romperlos.
Me preguntaron no hace mucho tiempo cuales eran mis defectos y el primero que me vino a la cabeza fue: mis silencios. Sé que puedo herir cuando me sumerjo en uno de esos silencios de barro o de lava, en unos de esos silencios que me permiten respirar sin dolor y que solo consigo en soledad pues su única motivación es la de no entristecer a los que me rodean, aunque entiendo que el efecto que puedo conseguir es el contrario, pues lo que provocan son pensamientos de falta de confianza o de cariño. Como defecto reconocido, trato de superarlo aunque no siempre lo consigo.
Siempre he escrito desde mis silencios, desde esos silencios que me han permitido escuchar los suspiros y las voces de mi alma, de mi corazón, de mis sentidos o de mi cuerpo... de esas sensaciones provocadas por palabras o por roces ajenos en los oídos y en la piel de mi alma o esas otras encontradas en la mirada, a veces virtual, de las personas a las que siento cerca aunque materialmente se encuentren lejos.
Ahora mis silencios tienen sonido: el de una dulce voz que le susurra a mi corazón como es la brisa, el sol, la lluvia, el rocío... y que despliega todo un Arco Iris de sensaciones que noto en mi estómago. Ahora escribo desde esa voz que me acompaña y me arrulla, que me permite sentir, entender y disfrutar de todas mis sensaciones sin necesidad de que mis silencios me invadan y distorsionen ese sonido que se ha convertido en la banda sonora de mis palabras escritas, pero también en el cálido son de mi alma.
(120/66) Cierro los ojos y sueño
Cierro los ojos y sueño que todos los sentimientos desaparecen, puedo vivir sin sentir nada, soy totalmente impermeable a cualquier sensación, ando por el mundo sin necesitar, sin querer, sin pensar, sin esperar, sin imaginar, sin reaccionar.
Me gusta esta nueva situación, tengo libertad absoluta, puedo moverme sin pensar en las consecuencias, puedo marcharme sin añoranza, sin que me duela dejar a las personas que me quieren (si hay alguien que me quiera o me odie, porque en esa nueva situación no sé cual serán los sentimientos y las sensaciones de los demás, pero no importa), o puedo quedarme, pues nunca más me sentiré triste, ni cansada de la cotidianidad, ni tendré miedo, puedo volar sin nada que me ate porque no tengo arraigo a nada ni a nadie. No tengo pasado que lastre mi presente, tampoco tengo futuro que me obligue a condicionar mi hoy. Continúo viviendo sin dolor, sin tristeza, sin preocupación, sin odio, sin lágrimas, sin amor, sin cariño, sin besos, sin caricias, sin miradas cómplices, sin sonrisas luminosas, sin risas. Veo, como si de una película del Cinexín se tratara el discurrir de la vida de todos los que me rodean, incluso mi propia vida; está bien, parece todo tan plácido, tan aséptico, tan ajeno. No provoca en mí ningún tipo de emoción, puedo presenciar el argumento sin tener que tomar partido, ni decidir, ni sufrir las consecuencias, ni repercutir el fracaso, ni disfrutar de los resultados, ni saborear el éxito. La única decisión es seguir viendo o no seguir viendo ese transcurrir, porque otra opción es desaparecer en el horizonte, echarme a andar sin rumbo, no tengo pautas que seguir, ni deseos que cumplir, ni metas que alcanzar, tampoco se romperán mis esperanzas, porque no tengo esperanzas puestas en nada. Puedo caminar hacia donde mis pies me lleven sin padecer los designios de un futuro que, aunque sea incierto, no me afecta, no me preocupa.
Despierto de mi sueño, abro los ojos y reconquisto mi falta de libertad, mis problemas, mis preocupaciones, mis traumas, mis miedos y mis tristezas, mi amor, mis amigos, mis conocidos, mi risa, su mirada, su sonrisa, sus besos imaginados, sus deseadas caricias. Y puedo amar, ilusionarme, querer, reaccionar, pensar y necesitar; y me doy cuenta de lo bello que es el conjunto, que hermoso es participar en una vida, llena de sinsabores pero, también, de alegrías, de ilusión y de amor.
(119/66) Mientras escribo
Te pienso mientras escribo y mientras escribo pienso que quiero describirte y no puedo hacerlo. Tengo una imagen inmóvil, una sonrisa inmóvil, una mirada inmóvil. Tengo palabras sin eco, besos sin contacto y una piel sorda. Tengo caricias sin cuerpo y un cuerpo sin caricias, tengo ganas sin comida y comida sin comensal. Tengo sencillo el ánimo, el corazón caliente y el alma exploradora.
Y aún así, entre lo que tengo y lo que no tengo, sigo escribiendo mientras describo lo que sueño y mis sueños me susurran lo que deseo y lo que escucho es que mi piel desea ser el eco de tus manos y que tu sonrisa se convierta en un laberinto en donde perder mis labios sin prisa ni cansancio. Deseo enredarte a mi vida, atrapar tus besos entre el vuelo de tu risa y que tus pies calcen mis zapatillas cada mañana.
Quiero que la espera y la distancia se queden olvidadas en el fondo de mi almario, allí donde he extraviado otras esperas y otras distancias, al lado de donde almaceno añoranzas y ausencias.
Necesito perderme en el bosque estrellado de tus ojos, que el amor sea la excusa perfecta de noches perfectas; que nuestras cotidianidades se confundan y nuestros días amanezcan con normalidad uno detrás de otro con el único motivo de sentirte a mi lado.
No puedo describirte pero sí descubrir lo que me haces sentir, lo que tengo, lo que no tengo, lo que sueño, lo que deseo, lo que quiero y lo que necesito... Todas esas sensaciones que hacen que mi corazón trabaje alegre y que la luz de la mañana tenga la tonalidad que solo la ilusión puede dar.
(118/66) Los colores del alma.
Los trazos surgían a pinceladas mojadas en las sensaciones de tu corazón y fuiste plasmando un hermoso paisaje de tu alma. Y en tu paleta estaba toda la gama de colores: desde el de la profunda tristeza hasta el de esa bella sonrisa que adivino en tu rostro, pasando por todo el colorido espectro de sentimientos que brotaban desde lo más íntimo de ti.
Y mientras el paisaje aparecía delante de mis ojos, me envolviste en un grato y cálido abrazo de confidencias y me enseñaste un pedacito de tu cielo, compartiéndolo conmigo. Admiré tu pintura, percibí en cada matiz el dolor, la pena, la angustia, la desesperación... pero también la ilusión, el amor, la lucha, la entrega...
Otro atardecer, a través de esa estampa, se ha vuelto a posar en mi mirada, distinto, especial y único. Atípico también pues lo compartimos estando separadas por kilómetros y meridianos, mientras tu caminabas la tarde, aquí el sol despedía su jornada y la noche llenaba lentamente mi tiempo.
Hay personas tan generosas que enseñan sin aleccionar, que con su sonrisa iluminan mis sombras y que me llenan de sensaciones compartiendo los colores de su alma pintando maravillosos paisajes proyectados desde el corazón. Aprender a conocerte es un privilegio y cada palabra envuelve un regalo para mi alma.
(115/66) Sensaciones recurrentes

Hay sensaciones que se han quedado enganchadas a mi estela y me han acompañado a lo largo de mi vida llegando a entremezclarse con mis recuerdos de tal forma que, estoy segura, volverán a aparecer en mi futuro.
El escalofrío, esa mezcla de respeto y sobrecogimiento irracional, que me provoca adentrarme en una iglesia antigua: sus contraluces, sentir como una especie de fría e inexistente brisa erizándome la piel, el avasallador silencio, esa mezcla de olores: humedad, cera, incienso... me provocan tal cantidad de sensaciones y algunas tan contradictorias que acabo desconcertada.
Recorrerla despacio, sintiendo el frío que me transmiten sus piedras, la altura de sus columnas, la lejanía de sus bóvedas, la luz, deliberadamente diseñada para sumir en un tenue, sutil y fantasmal claroscuro la zona baja de la nave central, disminuyendo y aislando en su pequeñez a cualquier ser que se atreva a penetrar en el sepulcral silencio, espeso y pesado. Visitar las capillas en las que ese sobrecogimiento se acentúa ante la casi total oscuridad agudizada si cabe por la trémula y amarillenta luz de las velas, el sufrimiento reflejado en las imágenes, con un realismo exagerado y aterrador... esa permanente sensación de ser observada, juzgada y castigada sin misericordia.
Sentir todo esto, sabiendo que es un escenario, un montaje pensado y diseñado para cumplir una función determinada, precisa y muy estudiada, me hace sentir estúpida.
Otra sensación que también regresa una y otra vez, es la serena calma que me embarga cuando el atardecer nace y se desarrolla, magnífico, en la brevedad de su existencia. Esa serena calma provocada por la belleza más lujuriosa y exaltada que consigue que la tregua se declare en las luchas intestinas aún en los momentos más álgidos de la contienda, que mi respiración se tranquilice hasta casi desaparecer, mi corazón controle su ritmo y mi alma se vuelva sorda y muda a todo lo que no sea ese grandioso y magnífico instante. Una sensación a la que nunca me acostumbraré pues cada atardecer me sorprende por esa única, irrepetible y siempre superada inmensidad.
Gracias MAGEC , por esa mirada especial para capturar momentos mágicos.
Gracias por regalarme un atardecer... precisamente en uno de esos días de furia.
(113/66) Desnudez
Los que me acompañáis desde hace tiempo conocéis las motivaciones de este espacio en el que vierto mis sensaciones, mis percepciones, mis miedos, mis desconciertos, mis alegrías y mis logros, también mi imaginación ha creado alguna que otra entrada y algún que otro desvarío. Cuando empecé, ya va a hacer dos años, estaba tan segura de que nadie me leería que mi tranquilidad era totalmente absoluta; escribía para mí, nadie analizaría mis sentimientos, podía caminar desnuda porque nadie me observaba.
A medida que empezaron los comentarios surgieron dos características innatas en mí: la responsabilidad y el pudor. Había personas que estaban leyendo lo que sentía, lo que me hacía daño o lo que mi imaginación generaba; había personas que, accidentalmente, estaban participando de mi desnudez. Tuve suerte pues siempre ha sido desde el lado del respeto más exquisito y del cariño más cálido; nunca sabréis lo que eso me ha ayudado a crecer, a lograr que mi estima lograra un nivel aceptable y jamás os lo agradeceré lo suficiente.
Ha habido momentos en los que saber que estabais ahí me ha pesado, en los que mi pudor me impedía escribir sobre ciertos temas o reconocer y plasmar ciertos aspectos de mí misma, pero en los que, tras largas negociaciones e íntimas discusiones, he podido vencer esa vergüenza. Mi postura a la hora de escribir ha cambiado, sigo escribiendo para mí pues es una necesidad pero siendo consciente de que alguien va a leerlo, de que alguien puede sentirse defraudado, de que alguien puede verse reflejado en lo que escribo, en lo que siento y en como lo siento. Pero este cambio de postura ha sido solamente estético: He cuidado aún más si cabe, la forma, he tratado de mimar la palabra, he intentado conseguir la “belleza” exterior... pero el interior sigue siendo, para bien o para mal, un desnudo íntimo, privado, a veces doloroso, pero con el que he conseguido, poco a poco, poder mantener esos monólogos mirándome a los ojos y sin apartar mi mirada.
Vosotros habéis aportado muchas de las sensaciones que habéis leído aquí a lo largo de este tiempo, convirtiéndoos en co-protagonistas de mi pequeña vida. Gracias, mis niños. No sabéis realmente lo estupendos que sois y lo bien que me hacéis sentir en alguno de esos momentos de furia de los que he hablado en alguna ocasión.
(112/66) Cobardía.
Ayer fue un día extraño en el que las sensaciones me asaltaron contradictorias arroyando un estado de ánimo ya un tanto precario y desconcertado; hoy aún colean algunos de los efectos desbastadores de esa riada, provocada por una cobardía a la que no me doy acostumbrado aunque me acompañe desde siempre. Me siento incómoda cuando soy consciente de esa cobardía, cuando despierta, todo crece a mi alrededor adquiriendo dimensiones colosales que me apabullan y me superan. No soy valiente, nunca lo he sido y aunque lo he intentado y sigo en ello, no consigo adquirir esa valentía que tanto necesito. A veces pienso en el posible beneficio del olvido y aplicarlo en algunas de esas cosas que me conmueven y me destruyen, pero creo que hacerlo es cerrar los ojos a algo a lo que debo sostener la mirada a pesar de todo lo que arrastro al hacerlo. Sigue sin gustarme el reflejo que veo en ese espejo que me devuelve mi imagen, una imagen que, por defensa propia, pienso distorsionada pero que mi sinceridad me susurra que no me engañe, que ésa es la auténtica.
(111/66) Reflexión
Es triste el camino de la mentira. Por mucho que luche y trate de enfrentarse a su mayor enemiga siempre tiene el mismo final: la realidad más cruda, esa verdad que trata de eludir a toda costa, consiguiendo únicamente dejar a su paso devastación y miseria, pero nunca consigue su oscuro y extraño fin.
Y, aunque alcance el grado de maestría, ésta nunca es absoluta, pues siempre acaba resquebrajándola lo más simple, la cosa más pequeña y absurda: una brisa de sinceridad o una casualidad y su castillo de sombras, construido piedra a piedra, se derrumba inevitablemente.
Árbol estéril de bella y efímera flor que, cuando pierde sus pétalos, sus frutos son venenosos: las dudas. Amarga fruta que envenena el alma y mata el más bello de los sentimientos: la amistad.
Y qué decir del mentiroso. Solo, pensando siempre, sin poder relajarse, sin poder dar rienda suelta a sus sentimientos, siempre en guardia, sin descanso; y todo para no conseguir ese incomprensible premio pues siempre acaba castigado con el destierro inmediato y degradado de sus galones. Su vida en una continua mudanza y, errante, espera en los caminos para conseguir su alimento, su agua y su cobijo, pero para volver a destruirlos, para volver a perder todo aquello que trata de construir con una base falsa.
Somos humanos, todos mentimos, pues ¿qué es la ilusión o la fantasía sino grandes mentiras?, Aunque siempre podemos enmarcarlas en los sueños, en esos pequeños motores que nos ayudan a sonreír... eso jamás pasa con la mentira.
Puedo comprender, que no justificar, la mentira que se dice por salvar la vida, tanto la propia como la ajena, incluso la mentira interesada, la que se dice por conseguir dinero o un bien material; pero la mentira gratuita, insidiosa, sin sentido ni motivo aparente convierte la confianza en paja seca, corroe la autoestima, genera corazas cada vez más inescrutables, aísla corazones y destruye el cariño. ¿Es éste el fín del mentiroso?... no lo entiendo.
(106/66) Sin sentidos
Hoy es uno de esos días en que me encerraría en una habitación sin eco, cerraría los ojos de mi alma y dejaría que mi cuerpo me abandonara sin duda y sin lucha. Uno de esos días en los que la tristeza pesa más que las falsas ilusiones con las que me engaño, que duele más que las falsas caricias y que tan amarga como la auto mentira más despiadada.
Hoy es uno de esos días en que no ser como me gustaría ser destruye lo que soy y que, sabiendo que solo yo puedo poner el remedio, no tengo ni ganas ni fuerzas para hacerlo. Uno de esos días en los que vivir me pesa y me vacía aun más de significado, adquiriendo un sin sentido abrasador y destructivo, donde mi alto contenido en agua se resiente y se evapora convirtiéndome en un amasijo de paja y sustancia seca. Donde mis actos y mis palabras se contradicen transformándome en un espantapájaros viejo y diabólico.
Hoy es uno de esos días en los que necesitaría que ese contenido en agua fuera del cien por cien y desaparecer filtrándome en los poros doloridos y convulsos de la Tierra.
(105/66) Así soy... así parezco ser...

Me considero:
Una persona formal, honesta, muy serena, adulta única y exclusivamente en las grandes ocasiones; un poco payaso, de risa espontánea y pícara; con una inteligencia bastante normalita y muy poco gastada. No voy a caer en el tópico de gran amiga de mis amigos pues eso es algo que deben decir ellos; no creo ser una persona demasiada complicada; me gusta la comunicación aunque yo me considero un tema tan poco interesante que obvio hablar de mí; un poco tiquis miquis con esto de las sensaciones pues necesito entenderlas y asumirlas. Sumamente cauta para unas cosas y conscientemente inconsciente para otras. Fácilmente dañable aunque no suelo culpar a nadie pues conozco y reconozco mi inseguridad manifiesta, esta misma inseguridad hace que sea bastante susceptible pero siempre acallo esta susceptibilidad razonando fríamente y hablándome mucho, un tanto “torero” a la hora de implicarme pues me lo pienso muy mucho antes de hacerlo pero, si lo hago, asumo todas las consecuencias de ese hecho; con un sentido del ridículo un tanto peculiar pues no soy nada exhibicionista (aunque... cualquiera lo diría escribiendo esta entrada y teniendo este blog) y, en cambio, puedo ponerme a hacer el idiota sin mostrar ningún remordimiento de conciencia. Poseo un saco inmenso, que no infinito, de paciencia. Fiel, aunque un poquito pendón. No me quiero demasiado aunque tampoco me odio, creo haber alcanzado el equilibrio en ese aspecto, aunque mis años he invertido en ello. Suelo dominar mi carácter sin demasiados problemas, a menos que me “busquen” demasiado. Me levanto siempre de buen humor, haya lo que haya dormido.
Me gusta:
Transmitir esa serenidad que a mí me sienta tan bien, por lo que no soy muy dada a grandes manifestaciones de ningún tipo. Vivir y dejar vivir. Ser consecuente en todos mis actos o por lo menos intentarlo con todas mis fuerzas. Ir con los ojos abiertos, fijarme en los detalles, y preguntar cuando desconozco algo o llama mi atención. Guarecerme en el silencio cuando algo me duele intensamente. Dar la mayor cantidad posible de oportunidades y razones antes de salir en mi propia defensa, después ya no hay retorno; las sonrisas y los guiños cómplices; escuchar; conversar, sea trascendentalmente o no, con amigos, conocidos o desconocidos. Desayunar antes del primer cigarrillo del día. La formalidad y el empeño en la palabra dada. Organizar y planificar el trabajo antes de empezarlo. Respaldar con mis actos mis palabras. Escribir, la lectura, el tabaco negro (soy fumadora compulsiva), mi bebida es la cerveza y mi plato favorito el pollo con uvas.
Me molesta:
La informalidad. La falta de respeto. Sentirme engañada. Llorar en público (puesta a ser sincera, incluso en privado me cuesta horrores, me molesta hasta emocionarme en el cine). Cortar el pan para servirlo en la mesa. Que me acosen para que haga algo que no debo o no quiero hacer. Perder los papeles en situaciones complicadas. Que presupongan lo que pienso.
103/66 Mi Momento
Hay momentos que, como las sensaciones, son mágicos. Momentos en los que los sentidos se agudizan y el corazón deja oír su voz, mi alma respira profundamente y mi mente se convierte en hilo conductor de todo lo que ese momento me provoca. Uno de esos momentos, Mi Momento, es cuando me acuesto. Enciendo un cigarrillo, leo un rato más o menos largo, dependiendo del cansancio originado por el día, apago la luz y... ahí empieza Mi Momento.
Ahí mis inquietudes, mis dudas, y mis miedos me desnudan, me acarician, me poseen; ahí me enfrento a todo lo que soy, sola, sin armas ni escudos, ahí es donde me asumo, poco o mucho, eso siempre dependerá del estado de ánimo en que me encuentre, vivo lo que soy sin tapujos, sin falsos adornos exhibicionistas, sin sentir la obligación de enamorar, de convencer, de venderme, de mostrarme o de ocultarme; ahí es donde permito que mis heridas sangren y mis lágrimas, interiores y privadas, resbalen por mi alma; ahí es donde me susurro al oído todo lo que quisiera decir, en donde me reprocho los errores cometidos y los que cometeré; ahí disfruto plenamente de las alegrías, de las satisfacciones, de las ilusiones y es ahí cuando me doy ánimos para seguir...
De ese momento han surgido la mayoría de las entradas que he escrito desde la sinceridad más conscientemente subjetiva. Con esa subjetividad íntimamente deseada que me permite disfrutar de las sensaciones encontradas y vividas, de las reales y de las imaginadas, de las que me hacen feliz y las que me angustian y que me han permitido darle sentido, si es que lo tiene, a este blog.
(102/66) Desilusión
Quizás podría mostrarme más, mandar señales más claras y nítidas, hacerme notar más, mostrar lo que me hace daño o aquello que no me permite ser objetiva por mucho que lo intente; pero no lo hago, mi carácter, por mucho que vaya modelándolo, no siempre me lo permite. Quizás debiera ser mas asertiva pero no lo soy. Quizás debiera ser más asequible pero no lo soy. Quizás debiera ser más fuerte pero no lo soy. Quizás debiera ser más indiferente pero no lo soy. Quizás debiera...pero no...
A veces deposito mis ilusiones en algo o en alguien, ya sé que nadie me manda, nadie me obliga a ello, pero en mí es una necesidad. Reconozco que me duele el desengaño, la palabra sin palabra, el juego a una banda, la inconsecuencia... no culpo a nadie y asumo que la única culpable soy yo; soy adulta y debería ser más experta pero no lo soy; pero no lo soy con conocimiento de causa, no quiero serlo; me niego a que amargas experiencias pasadas destruyan hermosas posibilidades futuras.
Cuando alguien me falla no es consciente, quiero pensar que no lo es, de la ruptura que provoca en mí. Percibir que mi interés no es correspondido, que es irreal y basado en mi subjetividad me produce desasosiego, intranquilidad, incredulidad, desencanto. Algo se resquebraja en mi interior; la desconfianza y la duda se encargarán de abrir una grieta convirtiéndola en un abismo insalvable. El daño está hecho y no conozco el tratamiento para esa enfermedad llamada: Desilusión.
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Gracias Vida, por estar a este lado del abismo.
101/66. Desconcierto
Hay temporadas que mis sensaciones se relajan, llenándome de vacíos, de necesidades de encontrarlas, arrasando mis motivaciones, zambulléndome en mi silenciosa soledad para poder escucharlas... y eso me desconcierta. En otras ocasiones me desbordan, vienen de todos los flancos, parece que todas y cada una de las personas que me rodean ha decidido regalármelas a manos llenas, y eso me encanta pero, de nuevo, me desconcierta, ¡son tantas y tan diversas!. Quizás solo deba encontrar el equilibrio, ese equilibrio que me permita desenredarlas, asumirlas, entenderlas, disfrutándolas y, al mismo tiempo, poder seguir recibiendo más sin que me origine esta desazón que a veces siento. Una angustiosa sensación que me dice que estoy fallando, que no llego, que me estoy quedando corta... Transito entre la felicidad y la ilusión más absoluta y esa otra sensación de error, de que me estoy equivocando.
Vida: es increíble todo lo que originas en mí, lo que despiertas y generas en mi interior, lo que me das y lo que me permites dar... perdóname... soy incorregible.
(100/66) Distraída
Hacía días que no me sentaba a escribir. Quizás el motivo sea que ando distraída en un laberinto de fuertes emociones, con placenteros callejones que confunden mi destino, enredando mi tiempo con pura magia, entreteniéndome en momentos increíbles, recreándome en mil ilusiones. Sé a donde conducen esos callejones: los recorro expectante a la luz de una antorcha, sin prisa, intensamente, sin importarme el tiempo que me lleva, jugando a creer que tienen salida. Cierro mis ojos, mis manos recorren cada recoveco, los olores impregnan mi olfato y mi cerebro... su silencio inunda mis oídos y me dejo llevar por las sensaciones que me transmiten; quiero conocerlos a fondo, no me importa el tiempo gastado en hacerlo, los disfruto cada segundo aún sabiendo que no voy a salir por allí... también me doy cuenta de que necesito que pase algo que me convenza de que mis sombras no son reales. Recorro con dedicación y esmero cada centímetro de pared con la esperanza de encontrar el resorte oculto que abra una puerta secreta, una puerta que me haga sentir en el rostro una corriente de aire fresco, me conduzca a la salida y difumine las sombras creadas por la antorcha que conduce mis pasos. Me gusta permanecer en este laberinto... explorándolo, integrándome en su respiración, sus aromas, sus silenciosos sonidos... descubriendo sus secretos más íntimos y sumergiéndome en lo más profundo de sus entrañas... aunque me gustaría que las difusas sombras que ensombrecen mi caminar se vieran sorprendidas por la perfecta luz de la Luna Llena.
(99/66) Un grato fin de semana
A estas alturas y después de unas cuantas entradas, de bastantes sensaciones plasmadas en palabras, de algunas emociones rescatadas del laberinto de mi incomprensión, de asumir cada gesto, cada abrazo, cada risa y cada lamento... con un poco más de experiencia, un poco menos de inseguridad y con el mismo empeño en mantener mi sinceridad... no descubriría nada nuevo si dijera que sigo teniendo la misma necesidad de siempre de “ver” esas sensaciones escritas, las que me genera lo que me rodea y las inspiradas por las personas que configuran mi entorno, mi vida. Asimilarlas no es siempre tarea fácil, hay algunas (por intensas) de las que aún no me siento capaz de escribir, tal es la marea que provocan en mí.
Ayer el atardecer tuvo una tonalidad especial, no lo viví sobre mi mar, pero si sobre un mar de tierra y verde... tenía una luminosidad distinta pues lo disfruté sobre la silueta lineal de la llanura castellana. Y mientras mis ojos lo respiraban, mi mente reproducía y asimilaba lo recién vivido.
El sol, naranja intenso, me transmitía su calor a través del cristal del autocar, lentamente se zambullía en un horizonte infinito y mi mente se dejaba acompañar por aquel impresionante espectáculo, vagando por las sensaciones recién filtradas en mi alma.
En mi primera entrada, Reflexiones , escribí la siguiente frase:
“...la necesidad de ser sincera cuando me conecto, como una particular rebelión hacia todas las mentiras que sabes que te cuentan en la red, una íntima campaña de captación al respeto hacia mi misma y hacia los demás. Tengo la necesidad imperiosa de saber con seguridad que mi teclado y mi pantalla van a ser sinceros con tu teclado y con tu pantalla y que, en justa correspondencia, vas a hacer lo mismo; que, en el improbable caso de que tu rostro y tu voz se encuentren con mi rostro y mi voz, se transmitan lo mismo que nuestros teclados y pantallas y poder verte a los ojos teniendo la seguridad de que no voy a defraudarte porque tú ya sabes como soy.”
Ese “improbable caso” ha dejado de serlo, convirtiéndose en una grata realidad.
Gracias Gloria , Isabel y María por haber enriquecido mi particular mundo, por haberme regalado uno de esos momentos que me permiten disfrutar de la luz del sol en el rostro mientras puedo cerrar los ojos sin miedo.
(97/66) Necesidades
Mis palabras me suenan gastadas y aunque me rompa en mil silencios, éstos siempre serán de paja, pues mi necesidad de explicarme lo que siento y porqué lo siento es más fuerte que mi urgencia de silencio. Tras una temporada un tanto apática y distante a nivel de lectura (bueno, realmente no solo en la lectura), vuelvo a tener la necesidad de leer, vuelvo a sentir el ansia de descubrir otro título que me enamore, un nuevo texto que me arrastre tras una estela de palabras, que me impulse entre nuevas percepciones, que me re-hidrate con ajenas sensaciones y que nutra mis emociones. Necesito encontrar esa lectura que, en comunión íntima y privada, consiga tonificar mi mente y regalarme el hermoso presente de narrarme una historia recién imaginada, pensada y recreada para mí.
Quizás solo sea eso, una nueva necesidad: la de renovar mi vestuario de significados, de sinónimos y antónimos, vestirme de descripciones originales y distintas de situaciones ya vividas, engalanarme de palabras encontradas para describir las nuevas e intensas sensaciones que calientan mi corazón en estos momentos.
Necesité perderme en ti para recuperarme, para devolver la esencia a mis sentidos... necesité encontrarte para perderme en lo más profundo de mi alma... o simplemente necesité ver tu dedo apoyado en tus labios acallando el ruido que provocaba mis pesadillas, para recuperar mis sueños... GRACIAS, VIDA.
(91/66) Unica función.
Como de una hermosa obra de teatro se tratara, nuestra vida transcurre entre bastidores, descansos, actos y entreactos. El texto, salido de la pluma de algún desconocido escritor, nos va llevando por esa senda de luces y sombras, de penumbras y contraluces. Tragedia, comedia, terror, misterio, ensayo... toca todos los temas, todas las técnicas. Somos primeros actores de una obra costumbrista, nuestra vida, donde el guión solo nos marca pequeños puntos de situación y algunos trucos, el resto es pura improvisación. De nuestro saber estar en el escenario depende el transcurso de la obra, los personajes entran y salen de la escena, algunos importantes, casi primordiales para que esa obra se lleve a cabo, otros no tanto, pero también son necesarios para que el conjunto resulte un éxito.
Cada actor que sube al escenario es un profesional sin carrera, sin estudios, sólo con la experiencia en otras obras paralelas como única aportación; de la pasión que ponga en su papel dependerá su relevancia en la misma, incluso hay algún que otro espontáneo que surge de no se sabe muy bien donde y aporta su granito de arena. Todos y cada uno de los actores somos meros aficionados, donde solo nuestro amor por el teatro, por la vida, nos incita a participar en esta maravillosa aventura.
De las situaciones que surgen motivadas por la improvisación en sí surgen nuevos actos, nuevas escenas que se entrelazan con otras y que aportan esa sensación de continuidad, de ser algo vivo, fluido y siempre inacabado que posee ese guión, el nuestro. También de lo que seamos capaces de transmitirles a nuestros compañeros de reparto y ellos a nosotros surgirán momentos memorables, momentos que pasarán a formar parte de los anales de la historia, de nuestra vida, como irrepetibles e inolvidables.
Una obra sin ensayos, sin repeticiones, sin apuntador... una obra donde el público es exigente, donde los actores desaparecen o perduran, donde cada nuevo escenario es un nuevo reto.
Y con el transcurrir de esa única sesión de esta nuestra vida, llega lo único que sí estaba escrito de antemano, una frase que, desde el preestreno sabíamos que tendríamos que pronunciar:
SE BAJA EL TELÓN.
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Después de estos días sin poder acceder al blog, necesitaba escribir algo tranquilo, algo que me permitiera tomar el pulso a mi estado de ánimo, algo que me pusiera de nuevo en contacto con mis sensaciones. En estos días han entrado nuevos actores en mi obra de teatro que han aportado, como no podía ser de otra forma, nuevos y ricos matices. No sé el tiempo que permanecerán en el escenario ni la relevancia que tendrán en el resultado final, pero solo con su presencia han reactivado un guión que ya empezaba a pensar monótono y gris.
(90/66) Fuera de servicio
Cierro los ojos, me concentro y... nada, no sucede nada... los cierro de nuevo, vuelvo a concentrarme y... tampoco... cachus, que va a ser que no, que no funciona. Creo que mi Radar de Captar Sensaciones ha decidido lucir el letrero de:
“Fuera de servicio”
Solo capto pequeñas sensaciones insípidas y distorsionadas, que no cubren ni mi capacidad ni mi necesidad de sentir. También puede ser que todo lo que me rodea se ha convertido en plomo (esto no suena nada creíble), impidiendo a mi radar captar lo que hasta ahora me resultaba sencillo y gratificante... me noto ausente, incluso de mi misma, me cuesta centrarme, implicarme, interesarme. Estoy distraída, dispersa, difusa, tranquila en una forma nada habitual en mí...
Realmente no tengo ni idea de si existe tal artilugio en nuestro organismo, en el mío debe existir pues algo no está bien. Tendré que llevarlo a reparar (primero tendré que encontrarlo, claro)
(89/66) Atardecer

Me deslizo hacia el suelo protector, abrazo mis piernas, apoyo la cabeza en mis rodillas y dejo pasar el tiempo, y en el silencio cómplice, oigo el tic tac del reloj diciéndome adiós a cada segundo. El sol decide emprender su retirada, me pierdo en su ocaso y sentada en el borde del atardecer, dejo vagar mi mente libre y ensoñada. Sentarme en el suelo es sinónimo de seguridad, mis ojos y mi cerebro quedan liberados del vértigo que supone mantenerse en pie y puedo dedicar mi mirada a disfrutar del espectáculo.
Hoy, aún con más intensidad si cabe, mi recuerdo es para ella. Para ella que me inculcó el amor a la vida, la palabra amable, el beso fácil y la sonrisa cálida. Hace dos años nos dejó dulcemente, sin ruido, sin aspavientos, como era ella. Yo tenía la certeza de que moriría de viejecita, dulcemente, pero dentro de unos años; que se me iría arrugando y encascarrabietando poco a poco. Que su luz se iría apagando lentamente y que yo tendría tiempo para escribir con palabras serenas mi despedida.
No he podido escribir esa despedida, no sé si mi corazón podrá escribirla nunca...Ya no hay prisa.
(84/66) Silencio II
Siempre he tenido un problema de comunicación, ahora lo estoy pagando con la demasía correspondiente. Me cuesta hablar, siempre me ha costado decir lo que siento y como lo siento, que necesito, que espero...
Mis miedos, por ancestrales ya conocidos, resurgen de las tinieblas de mi ser, amenazando mis sueños; evidentemente, no estaban bien enterrados. Este ciclo, del que pensé próximo su fin ya hace unos meses, nunca ha llegado a cerrarse, la culpa es mía, la asumo, quizás por agotamiento no supe cerrarlo como debería o quizás por auto engaño preferí cerrarlo en falso y ahora llega el momento de saldar deudas, esas viejas deudas que nunca desaparecen por mucho que tratemos de negar su existencia.
Vuelvo a subir al trastero, a remover antiguos fantasmas, a desempolvar sentimientos que ya había pensado en no volver a vestir, a recordar viejas sensaciones olvidadas en cajones que creí, ilusa de mí, no volver a abrir nunca más.
Mi ánimo, vapuleado por una tormenta que ya parece eterna, se ha hecho un ovillo, pequeño, huidizo y débil, pero tendrá la fuerza necesaria para salir airoso de este nuevo embate, supongo.
(83/66) Silencio
(80/66) Piel contra piel
¿Hay algo que nos repela más que un mínimo roce de alguien a quien tenemos miedo o asco? podemos verlo incluso olerlo, presentirlo pero cuando nos toca...la repulsión es inmediata, nuestro vello se eriza y nuestra piel se contrae como en un intento de desaparecer por completo.
(78/66) Verbos conjugados
Esta entrada comenzó siendo un intento de abeto de Navidad, de romper mi silencio, una forma de agradecer el cariño que siento cuando me hablais; sí, he dicho bien, me hablais, con vuestras voces, con vuestros corazones, con vuestras almas... ahogando la tristeza que a veces me posee y que conseguís difuminar descubriéndome una sonrisa. Pensando en los detalles para colgar en ese árbol, empezaron a surgir en mi cabeza verbos hilvanadados a cada uno de vosotros, verbos sin frase...; empecé a teclear y cuando terminé e iba a darle al centrado, pero no lo hice, me gustó la forma: Un gran abeto cortado a la mitad. Espero que las ramas de la mitad que falta se adentren en vuestros corazones. Solo me falta añadir: Os quiero y sois el mejor bálsamo que cualquier médico me pueda recetar.
G
RA
CIAS
Echarte... en falta... (Yol)
Explorar...en tu alma... (Shi)
Apreciar...la sensibilidad...(Luz)
Regalarme...tus palabras... (Mukka)
Inundar...mi alma de belleza...(Puck)
Retomar...mágicas sensaciones... (Garco)
Tomar...un cálido cafecito virtual... (Noelia)
Desearte...todo la felicidad que mereces...(Yas)
Apreciar...el valor de una grata visita... (Josep Mª)
Regalarte... una enorme sonrisa con guiño... (Mark)
Mantener... una amena conversación siempre...(Loli)
Escuchar... cada latido de un inmenso corazón... (Gó)
Sentir... la alegría de tu presencia a mi lado... (Rosana)Verificar... que existen personas maravillosas...(Carmen)
Sentir... la realidad a través de otros ojos... (Duermevela)
Percibir... que la sensibilidad, existe a flor de piel...(Karlos)
Permanecer...en tu alma, como tú habitas en la mia...(Brisa)Recordarme...en cada entrada que la belleza existe...(Elena)
Resumir... la vida con la hermosura de la sencillez...(Gemuina)
Transmitirte...toda la cálida ternura que me transmites...(Juan)
Agradecerte...todo el cariño que me regalas cada día...(Carsito)
Llenarme...la boca y el alma cuando te llamo mi Amiga... (Raquel)
Comprender...que el cariño surge en cualquier esquina...(Strega)
Enseñarme...toda la belleza que las palabras encierran...(Darilea)
Conseguir...que en tu corazón perdure una gran sonrisa... (Gloria)
Estampar...dos besos grandotes y sonoros en tus mejillas...(Juanjo)
Curiosear... sin prisa en un mundo repleto de sensaciones...(Annette)
Demostrarme... que en la dureza existen muchas sensaciones...(Mnez)
Reposar... mi cabeza en tu hombro y cerrar mis ojos sin miedo... (Sonia)
Aprender...que el aprecio, como la risa, es cuestión de química...(Androide)
Intentar...que sientas todo ese cariño que recibo, multiplicado por dos...(Abril)SEN
TIMI
ENT
OSP
ERS
ONA
LES
(77/66) Maquillaje
Mi alma, mi corazón y el resto de mis órganos, se han llenado de silencio. No siempre asumo mis silencios, permanezco en ellos, sí, esperando que algo suceda, que algo ajeno a mi interior destruya el motivo que me hace cobijarme en su abrazo falsamente solidario aunque en el fondo de mi corazón sé que sólo mis palabras aliviarían mi angustia. Alejarme de su engañosa protección sería una manera de desatar el nudo que atenaza mi garganta y ahoga mis públicas lágrimas, pero pasa lo de siempre: no puedo, el nudo es imposible de deshacer. Detengo mis pasos, me quedo quieta, sin rumbo ni horizonte, esperando que las sombras me alcancen y disimulen mi falta de sonrisa; mientras, un rictus suplantará esa sonrisa en mi rostro, como el maquillaje de uno de esos payasos que sonríen siempre, a pesar de que la tristeza inunde su alma.
Sé cual es el motivo: Mi cobardía.
(73/66) Contaminación
Me he sentado delante del ordenador con ganas de escribir algo especial, aunque no sé el porqué de esas ganas pues cada una de las entradas que he publicado están escritas desde mi corazón, cuidando cada detalle, cada palabra, cada expresión, con el único deseo de que mis impresiones, mis sentimientos y sensanciones se quedaran plasmadas en cada una de ellas. No siempre lo logro, eso está claro y es algo con lo que convivo, ahora mejor que antes; racionalizar los sentimientos o describir sensaciones no siempre me resulta fácil pués separar las propias y las ajenas convierten la tarea en un laberinto en el que no siempre acierto con el camino correcto.
Ahora sé que no me importa, he aprendido a disfrutar de ese pequeño escollo, que me gusta contaminarme de lo que me rodea y he asumido que esos sentimientos nunca son íntimos y privados, que no siempre van a ser gratos y agradables pues el dolor ajeno nunca lo es, pero que, a pesar de ese dolor compartido me resulta cálido recibir las aportaciones de las personas que conforman mi grupo de vida, y he comprendido que mi vida sin eso no sería tal, que sin esas contaminaciones sería simplemente un letargo sin interés. A veces esas aportaciones son positivas, me hacen crecer como persona, me hacen sentir bien, me ayudan a entender y a entenderme, a querer y a quererme un poquito más. Otras me obligan a dar un paso atrás, pero acabo dándome cuenta de que, realmente, no es así, que cada persona que se cruza en mi camino me enseña una parte del paisaje, en mi mano está quedarme a contemplarlo o no, y esa sensación de poder decidir me gusta. Reconozco que lo he aprendido a base de quedarme sin querer a contemplar paisajes que por su fealdad me producían daño, pero eso ha servido para que admire la belleza desde lo más profundo de mi alma.
Sería fácil, quizás, quedarme extasiada ante el primer paisaje bello que he encuentrado, pero mi curiosidad me incita a tratar de descubrir otros; eso me desprotege, me deja a merced de personas que realmente no merecen la pena pero me arriesgo sin pensarlo una y otra vez a una contaminación negativa para poder descubrir nuevos y hermosos paisajes.
ABRIL , gracias por ser una de esas contaminaciones positivas, gracias por permitirme admirar otro de esos bellos paisajes que me permiten descubrir que la vida es más intensa cuando nos implicamos en vivirla.
(72/66) Lágrimas de mariposa
No sé si las mariposas lloran pero... ¿puede existir algo más sutil que la lágrima de una mariposa?.
A veces el dolor es brutal, en otras, tan sutil como una lágrima de mariposa: intenso en su origen, inmenso en su pequeñez.
Las mariposas se protegen de sus predadores con sus bellas alas; no utilizan armas, ni venenos, ni armaduras.... se visten de belleza.
Aprendamos de las mariposas... vistámonos de belleza cuando nos sintamos agredidos, depositemos nuestros feos ropajes de odio y venganza en una lágrima de mariposa para que se confundan con las gotas de rocio y se evaporen al amanecer. Imitemos su vuelo y seamos elegantes en cada uno de nuestros actos, hagamos de nuestros gestos hermosas alas de mariposa.
(70/66) Ecos
Hace días que runrunea en mi cabeza Grândola Vila Morena de Xosé Afonso , himno oficioso de la revolución de "Os Claveis" en Portugal. Yo tenía 10 años cuando sucedió pero aún asi, me vienen instantáneas de esos hechos quizás contagiadas de fotos visualizadas a posteriori. Evidentemente no es por el aniversario de aquella revolución pacífica, donde los claveles adornaron los cañones de las armas del ejército portugúes, pues fue un 25 de abril...no sé por qué será pero ahí está, revoloteando en mis tarareos.
Los gallegos mal intencionados, sobre todos los del norte, a los vigueses nos llaman portugueses; aún no entiendo por qué debo sentirme ofendida de que sitúen mi nacimiento en tan hermoso país. Desde niña he hecho muchos viajes a Portugal, está muy cerquita y forma parte del arcón de recuerdos que atesoro con cariño. Visitar al pais vecino con la excusa de ir a alguna de las ferias que tanto abundan allá es algo cotidiano para muchos vigueses, de hoy y de hace años.
Recuerdo las excursiones en autocar con mi abuela, que ella aprovechaba, igual que todos, para traer café, Sical, por supuesto, pués era "O meior café de Portugal"), la Tofina, el aceite, el jabón, las toallas al kilo,...(ya sé que era extraperlo, espero que no me lea ningún "poli" aunque creo que el delito ya ha prescrito, jejeje). Cuando llegábamos a la aduana, siempre aparecías sentada por sorpresa encima de algún kilo de café que algún mayor traía de más pués había un límite tácito de un kilo por persona y la cara de nosotros "los peques" cuando algún "senhor guardinha" entraba a inspeccionar el autocar, era todo un poema, debíamos delatarnos a kilómetros y en nuestra frente debía aparecer en un letrero luminoso: "estoy sentado encima de un kilo de café de contrabando", pero nunca pasaba nada.
Valença do Minho, Caminha, Braga, Fátima, O bon Xesús, Guimaraes, Porto, Monçao,... las fortalezas, los castillos y palacios, los jardines y alamedas,...lugares con un colorido especial, pueblos y ciudades de ambiente tranquilo que invita al paseo, sabores que se quedan prendidos en mi paladar, los fados y las familiares palabras de un idioma acogedor aunque desconocido, sonidos gratos en mis recuerdos... remotos y cercanos recuerdos que espero sigan incrementándose mientras descubro más de este país tan allegado a mi alma.
Estoy profundamente enamorada de mi tierra, Galicia, cualquiera que me conozca un poquito, lo sabe aunque debo reconocer que Portugal ha sabido cautivarme poco a poco, con ese cariño que se produce con el roce, cuando vas conociendo algo y descubres cosas que en verdad te enamoran, es como ese amigo que sabe darte lo que necesitas sin que apenas tengas que abrir la boca.
No sé porqué ronda esta canción en mi cabeza, ¿necesitaré unas vacaciones?, jejeje.
(69/66) Deseos
Desearía descubrir palabras que nunca hubiese utilizado nadie, vírgenes en su significado, jamás pronunciadas y con su sonoridad rasgar el dolor más incrustado.
Desearía experimentar sentimientos jamás sentidos para esculpirlos con letras manuscritas en las mentes fértiles de una imaginación desbordantes.
Desearía apartarme de la fuente de sutiles interfencias que consiguen convertir en mediocre lo cotidiano y contagiarme de la seguridad que la cotidianidad transmite.
(66/66) Melancolía
Sigo triste aunque con esa tristeza resignada, madura y serena que da la experiencia y los años, o sea, la vida. Con esa tristeza que no borra la sonrisa pero que consigue hacerla más tranquila y pausada, también menos fácil, aunque más sincera y profunda. Esa tristeza melancólica de cuando sabemos que todo está bien, en su sitio, que todo es normal aunque esa normalidad no nos guste, sabiendo que todo está dentro de una normalidad que quisieramos diferente.
Una tristeza consentida, casi deseada, perfilada sobre un cielo de estrellas en las que se convierten los recuerdos revividos delante de una taza de café largo con leche bien caliente. La tristeza después de una alegría inmensa: la de poder dar esos besos y abrazos tantas veces enviados a través del viento, de conversaciones reales, de miradas en directo, de risas escuchadas sin teclados ni teléfonos por medio.
La amistad no tiene forma, espacio o tiempo, es algo que existe, que transita en cualquier forma de comunicación, que crece con el cariño y con las ganas, lo sé, pero sentirla aquí a mi lado, me ha llenado de sensaciones de plenitud, de bienestar, de sentirme más completa. Por eso, su marcha, ha aumentado la sensación de que mi espacio está un poco más vacio. Sé que no es cierto, que ella sigue aquí, a mi lado, igual que yo ocupo un trocito de su alma.
Gracias por vuestros ánimos, por vuestro cariño, por todos esos besos y abrazos que he sentido en mi alma uno a uno. Sois IMPRESIONANTES. Pero voy a abusar un poco, solo un poquito y os voy a pedir un favor: permitidme unos momentos de esta triste melancolía. Y os pido perdón por ello.
(65/66) No puedo
No puedo darme el lujo de sentir como me siento en estos momentos, sé que no puedo, porque estoy... ¿soy?... tan frágil como el fino cristal de una copa de vino,... tan frágil como la rama tierna, aún brote, de un árbol en la primavera recién nacida.
Soy, estoy, no sé... ¿vulnerable?, lo sé,... ¿lo sé?...nadie tiene la culpa de eso, soy,...¿me siento?... como el neonato que llora sin saber que acaba de ser el protagonista de una vida que acaba de manifestarse y que le ha tocado en suerte.
Me he despedido tantas veces que ya no sé cuantas, he perdido la cuenta... pero hoy, una vez más, mi alma se cubre de dolor, ¿de un nuevo dolor? Si,...¿duele de nuevo?,.. no sé, pero duele distinto... mucho. ¿Más que otras veces?...seguro, cada día duele más. ¿Más que nunca?... No, porque siempre hay algo más doloroso enquistado en nuestro corazón... pero es otra nueva despedida, es otro adiós no deseado, es una añoranza aún antes de la partida...
No estoy sola, lo sé... ¿lo sé?. Pero mi espacio es más grande que mi tiempo, necesito más, no me llega, tengo estantes de sobra y necesito sentirlos ocupados. También sé que es complicado, que aunque deje ésta mi frágil alma en cada intento, en cada esfuerzo, en cada lágrima deseada, en cada verso escrito y, aunque mil libros escribiera, siempre habrá estantes vacios.
Sólo necesitaba decirlo, solamente era eso, que la angustia saliera libre de mi garganta, esa angustia que tantas veces me atenaza, que debilita mis piernas hasta que me arrodille, que consigue que el oxígeno no llegue a mi cabeza con la fluidez necesaria. Sólo necesitaba decirlo. Quizás también necesitaba unos ojos, un rostro, un hombro... a quién decírselo... es igual, ya lo he dicho.
Quizás es la primera vez que noto que el espacio de alguien y el mio miden lo mismo, que su tiempo y el mio se mueven al mismo golpe de segundero. Quizás es la primera vez que siento de verdad que alguien dejará mi hueco vacio, que tengo ese lugar en su estante esperando por mí, que nadie podrá llenarlo como lo lleno yo.
(63) Una sonrisa y una reflexión
Sé que cuando me visitáis lo hacéis por dos razones de peso: La primera es porque os encanta el piropo que os dejo al lado del besito de gracias por vuestra visita y la segunda pero no por ello menos importante, la pregunta anti-spam con la que nos regala Blogia, y digo bien, "nos" porque cada vez que comento a vuestro comentario, yo debo recibir el regalo de contestar a tan sesuda pregunta.
Pero todos sabéis que en esta vida todo tiene un precio, por lo que os tenéis que leer el rollazo que os endilgo para poder satisfacer vuestro verdadero interés al entrar en este blog. Bueno, ya no os hago sufrir más, que sé que estaréis impacientes.
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Por mucho que nos explique, que nos cuente, que creamos saber clara y nítidamente como piensa, no es fácil ponernos en la piel de otra persona. Pocas veces tratamos de calzarnos sus zapatos, sentir como siente, como asume el dolor, como padece, como trata de buscar una solución a algún problema, solución que, por evidente a veces, nos parece increíble que no vea. Llegamos a pensar incluso que, abanderando el “es por tu bien”, podemos decir claramente lo que pensamos sin caer en la cuenta de que podemos estar haciéndole daño. No creo en lo de: “Quien bien te quiere, te hará llorar”. Pienso que antes de provocar ese llanto hay otros caminos, otras rutas. No pensamos que a lo mejor no necesita que le digamos lo que nosotros haríamos, porque ni somos esa persona ni estamos en las mismas circunstancias, ni tenemos las mismas necesidades y carencias.Quizás sencillamente necesita que la escuchen sin reproches en la mirada, con toda nuestra atención, con todo nuestro cariño. Pues realmente no es nuestro papel solucionar nada, sino ser meros compañeros de viaje, compañeros de vida:Intentar que su camino sea un poquito menos duro, menos agreste, menos solitario. Podemos ser su cayado, ayudarle a llevar la maleta e incluso intentar aligerarle de lastre, pero nada más.La maleta y el camino son personales e intransferibles, algo con lo que cada uno de nosotros tendrá que completar su viaje en la vida.Y, aunque no nos guste, nos genere impotencia, desesperación o incluso dolor, debemos mentalizarnos de que no siempre la solución está en nuestras manos. Aunque ello no debe implicar que abandonemos el deseo de ayudar y, quien sabe, encontrar esa solución.
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Ya...ala...¿a que esperáis?. Venga. Un besito y gracias por vuestra visita, (parezco una servilleta de cafetería) jejeje.
(60) Rescates
Esta semana he estado desempolvado versos y prosas, releyendo entradas de hace meses, ejercitando los músculos de mi memoria recordando los instantes en las que fueron escritas, rescatando momentos en los que mi cordura y mi locura eran gemelas y, como no, volviendo a leer vuestros comentarios, exquisitas muestras de vuestra inmensa paciencia e inmerecido cariño.
Deslizarme entre esos textos olvidados, sentir de nuevo los dolorosos roces en mi piel que provocan los puntuales momentos que marcaron su parto, recontar el tiempo invertido en la recuperación de sentimientos pensados perdidos para siempre, tocar estas cicatrices de aquellas profundas heridas que, en aquellos momentos desquiciados, parecían realmente mortales; puede parecer un ejercicio de puro masoquismo emocional, pero no lo es.
Con los dolorosos recuerdos surgen en unión indisoluble, los otros, esos otros recuerdos de amistad, de apoyo, de cariño, de metas alcanzadas, de pruebas superadas, de pasos adelante, de fuerzas insospechadas...Todos ellos, los gratos y los aciagos, han ido configurando mi ser, son la justificacion que tengo para ser como soy, con todo el mérito y todo el descrédito que ello conlleva.
(59) Comunicación
Me encanta la virtualidad y, a pesar de la dificultad que ello conlleva, me parece un medio asombroso de conocer a personas increibles, personas singulares de las que, sin este medio, no me hubiera sido posible saber ni que existen.
Cuando entro en tu blog, leo tus palabras, lo que has querido contarme, lo que te está rondando por la cabeza, lo que te inquieta y lo que te alegra,...siempre me hago la misma pregunta: ¿cómo serás?. Trato de inventarte un rostro, ponerte estatura, color de pelo, una sonrisa o una triste mirada tras los cristales de unas gafas dependiendo de la intensidad de tus palabras... pero acabo siempre llegando a la misma conclusión: realmente me da igual, me estás enseñando tu interior ¿qué me puede importar como seas físicamente?.
Cuando nos sentamos delante de la pantalla aprovechamos para mudar nuestro caparazón pues deja de ser realmente importante, nos desnudamos de nuestras lacras físicas, de nuestros impedimentos emocionales, de nuestras vergüenzas sociales, de nuestros complejos, de nuestro yo exterior para poder mostrar nuestros sentimientos, sensaciones, preocupaciones e inquietudes. Nos comunicamos con gente que también está mudando su caparazón, de la que no tenemos referencia física y a la que vamos a valorar por sus palabras reflejadas en un escrito, por una pregunta, por una respuesta,...
Que bello y relajante resulta conocer a alguien sin tener que adornar nuestro caparazón para que resulte agradable, que dé igual si es bonito o feo, si es perfecto o tiene taras, si grande o pequeño, porque nos conocemos por como somos no por nuestra apariencia. Todos partimos en igualdad de condiciones, todos partimos de cero. Sin beneficios ni perjuicios, evitando los primeros escollos: los prejuicios y la compasión mal entendida.
(57) Desequilibrios
Quizás tanto mi prisa como mis pausas, estén marcando el ritmo de mi vida, no sé si es bueno o es malo, estoy analizándolo. Dudo de que sea bueno estar analizando continuamente mi vida, aunque eso es algo que no puedo evitar. La someto a un continuo y profundo exámen, veo los pros y los contras de todo, aunque no siempre dependa de mí y el hecho de esa dependencia externa me exaspera. Toda la serenidad y la concentración que consigo en las cosas que me someten a una fuerte presión, generan en mí un equilibrio del que, en muchas ocasiones, me pregunto de donde surge. En cambio, esas pequeñas cosas que me desequilibran y que consiguen que me desconcentre de mi tranquilidad natural, me desconciertan y provocan en mi una desazón profunda: ¿será el precio que tengo que pagar por una "supuesta seguridad" en los momentos más trascendentales? ¿Es lo que me cuesta esa frialdad rayana en la frigidez mental que consigo en las crisis más adversas? No lo sé, pero es algo que me provoca una gran batalla interior.
A veces me gustaría reaccionar como una persona "normal", ante lo pequeño y ante lo grande, perder este pseudo control y permitirme momentos públicos de crisis, aunque reconozco que no puedo, es superior a mí.
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Eliminemos Las Barreras Arquitectónicas.
Hoy quiero unirme a este deseo, un deseo que suscribo sin dudar, aunque asumo mi incapacidad para desprenderme de ellas.
Gracias, BRISA, como siempre, me has hecho pensar y sentir, buena amiga .
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(55) Conóceme así, sin tener que ordenarme...
Conóceme así, sin tener que ordenarme, con frases sueltas, queriendo amarte...
Esta frase que utilicé en la entrada anterior, me acompaña desde hace muchos años. Generada en un momento de serias dudas adolescentes cuando no tenía claras muchas cosas. Pensada cuando las realidades me golpeaban y negaba evidencias que, por otro lado, estaban claras y diáfanas en mi interior.Aunque pueda dar lugar a pensar que es, que era una declaración de amor, lo cierto es que no surgió como eso. Nació como una necesidad íntima, un grito en soledad,...En aquellos instantes mi “sospecha” era una carga muy pesada, mi inseguridad necesitaba la aceptación de la gente que quería (y tenía), pero no podía dar explicaciones (que nadie me pedía) porque no las tenía pero que yo estaba convencida que debería dar.Han pasado los años y aún conservo algunas cosas de mi adolescencia: Esa frase que vuelve muy a menudo a mi cabeza, mi inseguridad, mi novia de la que me enamoré sin opciones y de la que sigo enamorada hasta la médula y mi miedo a tener que “ordenarme” cada vez que conozco a alguien que me enamora, porque, aún siendo fiel a mi niña, me enamoro constantemente.
(53) ...Y no siento nada
(52) Intentos y paciencia
Quizás esta entrada surga como una necesidad personal e interior de pedir perdón a los que me rodeáis habitualmente, pues llevo unos días un tanto distraida y difusa, en un estado de querer y no poder, intentando que todo parezca normal porque, además, lo es, pero dentro de mí se origina una desazón que no soy capaz de controlar. Pero mi mente, como me ha costado años comprender, tiene razones para las que no dispongo de explicación y con las que trato de vivir sin que eso me desconcierte demasiado. No me gusta estar sin estar realmente, pero no he podido evitarlo, lo siento, es una manera de protegerme y de protegeros de mí.
Después de unos días de desasosiego me he reencontrado con mi necesidad de escribir, ya hacía unos cuántos que no sentía esa necesidad, quizá la ha despertado el cabreo que me está provocando el que una de mis más gratificantes costumbres se esté convirtiendo en algo enajenante y desequilibrante, que consigue que me enfade de verdad, detalle que no suele ser nada fácil. Ya os tengo comentado que uno de los momentos virtuales que me causan mayor satisfacción es visitaros, leéros y, si me siento inspirada, dejaros un saludo y un comentario. Últimamente entrar en los spaces se está convirtiendo en todo un alarde de paciencia, a veces, mientras espero a que abran, me da por pensar que hay alguna cámara oculta virtual colocada de alguna manera para grabar mis gestos, que deben ser todo un poemario, para poder mandarlo después a Videos de Primera o algún programa de ésos.
Hay algunos que no me abren directamente, si me dedicara a calcetar, me hubiera hecho buenamente un par de prendas para este invierno durante la espera. Otros, después de una manga de jersey, se abren, pero cuando quiero dejaros un comentario, el explorer da un error y me cierra todo, mi pelo se eriza y empiezan a salir espumarajos de mi boca, dejando a la niña de El Exorcista a la altura del betún. Menos mal que me quedáis los que tenéis blogs, que sino tendría que plantearme seriamente dedicarme a lo de la calceta ya de una manera profesional.
Un beso con palmaditas a todos y prometo seguir intentando visitaros aunque sea a riesgo de perder la poca salud mental que me adorna.
Ah, me olvidaba de una cosa:
QUISIERA DAR LAS GRACIAS A DON MSN, A DON LIVE O A DOÑA SPACE, (O A QUIEN CORRESPONDA), POR ESTOS "MARAVILLOSOS" PERO EN CAMBIO INOLVIDABLES MOMENTOS CON LOS QUE NOS ESTÁ REGALANDO A TODOS. GRACIAS, TAMBIÉN POR LOS EJERCICIOS DE PACIENCIA INFINITA QUE NOS HACE EJERCITAR Y GRACIAS POR HACERME VER QUE LA CALCETA PODRÍA SER UNA SALIDA PROFESIONAL PARA MÍ. POR TODO ELLO: GRACIAS, MUCHAS GRACIAS.
(51) Dueña del silencio
Si hay algo que me encanta son las palabras, la hermosura de la palabra en sí, la belleza del significado, la palabra pregunta, la palabra respuesta, la palabra dardo, la palabra escudo: hay palabras bellas sin significado, palabras feas llenas de contenido, palabras que me llenan el alma y palabras que manchan mi corazón por su obsceno sentido ofensivo. Me podrán gustar más o menos pero: Son siempre palabras. Las asumo como parte del mensaje, pero no siempre puedo compartir su significado. Cuando tus palabras dardo me hieren, mi instinto se defiende ¿te extrañas?, mis palabras escudo saltan en mil pedazos convirtiéndose en palabras dardo: solo me estoy defendiendo, ¿te parece curiosa esa reacción?, a mi me parece natural; pero, a veces, en mí surgen sin poder evitarlo, las palabras silencio cuando me encierras en un atolladero sin sentido. Hemos hablado mil veces del dolor del silencio, del vacio arrollador que genera cuando la incomprensión te convierte en diana de su juego, ¿qué pasa cuando el centro eres tú? ¿no gusta, verdad?. ¿A qué no se entiende?. Y cuando soy diana de palabras sin sentido...¿qué esperas que sienta? ¿Cómo esperas que reaccione?. ¿O eres tan bueno que no mereces los que te hacen los demás?, pero ¿y lo que haces tú?. Llama la atención de que la única arma que utilices sea el insulto, la descalificación interesada, la ofensa escondida tras una nube que todos sabemos de donde viene y lo que significa, que siempre esperamos que seas lo suficiente adulto y maduro para que te des cuenta pero que todos callamos para evitar (equivocándonos como siempre) un daño que siempre acaba por escupirnos en la cara, porque al final el único punto de comparación es: lo maravilloso que eres tú. Así es fácil que pierdan los demás ¿no crees?. Casi preferiría el silencio, es menos terrorista y más respetuoso, también más ambiguo aunque eso no siempre sea malo, por mucho que nos empeñemos en pensarlo: la ambigüedad da pie a la justificación, a la causa por efecto, al perdón por enajenación momentánea, al lo debí entendí mal, al perdón por adelantado incluso, a tener tiempo para meditar antes de dictar sentencia...Pero cuando, pasada la pretendida nube, sigues sin pensar en ello y no hay ambiguedad, lo que puedo pensar que piensas es: "Mis valores y los tuyos no tienen punto de comparación, los tuyos tienen el don de la verdad absoluta". Para tí, claro. No me estás dejando espacio, no me estás dejando aire para respirar. Si quieres asfixiarme, adelante, pero no te sorprendas si me defiendo con uñas y dientes.
Hoy necesitaría ser dueña del silencio, dominar su poder hasta lo insospechado, ser la reina de un mundo mudo, donde la reflexión dominara antes que la palabra, la fácil palabra escondida tras la descalificación personal injustificada e injusta. Donde dominar la palabra no me pusiera entre la espada y la pared cuando tengo tan claro cual es la espalda que amo y la pared que quiero, y sujeto mi lengua para no caer en tu estela, porque no quiero caer en la red que tú has caido. No me pongas tan evidentemente en tal dilema, creo que el resultado es fácil: Lo que amo justifica mi decisión; tu ceguera me impide seguir a mi querer. Me siento rechazada de antemano, condenada sin que me sea permitida ninguna defensa. Podrás explicármelo con palabras grancilocuentes, vacuas, claro, como siempre que se utiliza la prepotencia y la auto justificación como solapa de la verdad personal, pero solo tengo un argumento: piensa. Seguro que, en tu fondo, me darás la razón.
Últimamente escucho más ruido que sonido, más palabras innecesarias que silencios inteligentes, más dolor del necesario para ver gigantes donde solo hay molinos. No me creo merecedora de tu desmensurado castigo, lo siento, no lo veo, perdóname: solo hay molinos.
(Esta es una de las entradas que prometí no volver a escribir: espero que sabreis perdonarme)
(49) Llueve ceniza sobre mi ciudad
La luz rojiza del cielo parece preconizar algún tipo de desgracia, el ambiente sumamente cargado de humo, el aire irrespirable que, de tan cálido, asusta respirarlo. Llueve ceniza sobre mi ciudad. Me asomo a cualquier mirador de la ciudad y lo único que ven mis ojos es humo, impidiendo como una cortina cualquier intento de observar el otro lado de la ría, de observar cualquier paisaje verde de los que rodean mi vida. Y la imagen de una Galicia incendiada, quemada hasta la entrañas viene a mi cabeza inevitablemente, la desertización, la devastación de sus montes, la muerte de personas sitiadas por las llamas,.... Imágenes que se repiten cada vez que respiro y ese olor tan característico de fuego activo llena mis fosas nasales.
Los incendios se multiplican sin que nadie parezca tener la solución para acabar con esta situación de acoso y derribo a los montes gallegos, ésos bosques que nos dan un carácter y una forma de ser tan particulares, esas verdes montañas que modelan un paisaje verde y sereno. Mi sensación de agobio físico por el humo se ve incrementada con la tristeza y la incredulidad que me transmiten las personas que ven como las llamas se acercan a sus hogares, a sus viñas, a sus cultivos, a sus animales,... Y mis sueños se ven invadidos de las sombras de árboles convertidos en esqueletos, en patéticos recordatorios de que allí, en algún momento anterior, existió un bosque, un bello monte verde lleno de altivos y soberbios árboles.
(48) Me enamoras
Eres alguien especial, alguien tan sumamente especial que me has enamorado tan profundamente que me encantaría saber a que saben tus huesos, a que huele tu piel, que tacto tiene tu pelo, saber el por qué de esa sonrisa cuando te sonrío, que contenido en sal tienen tus lágrimas y si mis manos podrían hacerte estremecer con un ligero roce en esa piel que recubre tu interior, ese que me resulta magistral y maravilloso, misterioso, místico, divino...práctico.
Si me conoces ligeramente, sabrás que nunca besaré tu boca, que jamás permitiré a mi nariz olisquear tu cabello, que mis manos nunca transmitirán el amor que siento a los poros abiertos de tu piel, que mis oídos nunca creerán en palabras que salgan de tu boca en estos momentos, que mi sonrisa será siempre tímida e insuficiente, que tus lágrimas servirían para que mi impotencia genere sentimientos paliativos y siempre insuficientes a tu dolor, a tu tristeza... Me lleno de ti, sin confesión, sin cuidado, sin vacuna, sin miedo,...me lleno de ti. De tus sonidos, de tus gestos, de tu coqueta sonrisa, de tu falso miedo al que dirán recubriendo el desafío morboso del que dirán, que lo sé, sí, lo sé: es falso, solo forma parte de un pudor irreal, exhibicionista, desconcertante, de un pudor que se conforma de educación, religión, familia, tradición... sorprendido de curiosidad, repleto de ilusión infantil y atrevida inocencia... Y me lleno de ti. Me lleno sin medida, sin consecuencias ni cuidados, sin miedo a mi dolor más descarnado, miedo conocido, sabido, aprendido, superado, insuperado, mil veces insuperado, millones de veces insuperado...amor incrustado en cada poro de mi alma enamorada.
Vivo enamorada del aire que respiro, de la flor que alegra mis pupilas, de las sonrisas abandonadas que encuentro por la calle, de la voz que acaricia en vez de hablar. Me enamoro de todo lo que me ayuda a respirar y eso significa que me enamoro de ti, de él, de ella, de la risa, del llanto y de las palabras pintadas en pedazos de vida, también del tácito silencio que me acompaña en ocasiones y del silencio que surge tras los momentos de confidencias impensadas. Y sin embargo soy fiel, fiel a todos y cada uno de mis amores, fiel en cuerpo y alma. Y, aunque suene a contradicción, a añagaza para enamorar, a truco rebuscado...siempre te seré fiel.
(47) Un segundo
Caminas despacio; tus ojos ensoñados en recuerdos que discurren como tu paseo, lentamente, disfrutando situaciones y momentos vividos y que forman un trocito, otro pedacito del cielo de tu pasado. Vas parándote en cada imagen, en cada sonido, en cada silencio.... La sonrisa surge en tus labios y en tu memoria se detiene en el segundo más bello de ese cielo particular de tu historia, alargándolo hasta que el batir de las alas de las palomas levantando el vuelo a tu paso, te devuelve al presente consciente. No puedes evitar encoger los hombros, ni cruzar las manos delante de tu rostro para protegerte del aleteo, ni el parpadeo involuntario de tus ojos al verte rodeado por las aves revoloteando sincronizadamente a tu alrededor; y que, sin mostrar ningún temor, vuelven a posarse en la acera. Das unos pasos para evitar a las palomas, te giras para ver sus picoteos incesantes buscando comida, te quedas mirando y tratas de volver a esa evocación tan cálida que se ha convertido como sin querer en tu compañera de paseo. Y aquel segundo vuelve a ocupar tus segundos, llenándote de nuevo de sensaciones, unas ya vividas, otras brotan nuevas cada vez que lo revives. Sigues caminando y tu ensoñación te envuelve de nuevo, hasta que tropiezas con alguien a quien crees desconocido, con alguien que, incluso viendo su rostro te es desconocido hasta que, con una sonrisa te dice: “Disculpa. Hola, soy Conchi. ¿Me contarías ese segundo que estás pensando y que consigue trazar esa hermosa sonrisa en tu cara y dar esa luminosidad a tu mirada?.”
Y, como ya sabrás quien soy, también sabrás que yo añadiré:
“Si quieres, claro, porque otra opción es mandarme a la playa”.
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Besos a todas y a todas y a ver si os atrevéis con la pregunta ( y si no, ya sabéis cual es la otra opción, jajaja).
(45) Dos entradas en una
Hace días que tengo ganas de gritar, de decir lo que realmente siento, pero para ser sincera, no lo sé, ni sé si quiero definirme demasiado. Quiero permanecer en este submundo de inconsciencia, aturdirme de distracciones, ensordecerme de voces y mantener mi cerebro vacío. Intento llenar mi realidad de gratas situaciones para poder visualizar en el futuro gratos recuerdos, pienso que querer tener en mi cabeza imágenes dignas de recordar no es pedir demasiado. Mi presente se alimenta de pasado esperando un futuro; siempre con ilusión, incluso con cierto temor lleno de esperanza, solo que, a veces, las circunstancias parecen poder con nuestro ánimo. Luchar por nuestra felicidad es una de las razones de por qué vivimos, nadie nos tiene que regalar nada aunque lo pensemos, todo tiene un valor y debemos pagar por cada acto, por cada sonrisa, por cada beso, por cada abrazo,...darlos es gratis, recibirlos tiene un precio que no siempre estamos dispuestos a pagar, de nosotros depende ser generosos pero no podemos exigir a los demás que lo sean. Me siento tan fuerte como tan débil, el equilibrio no está garantizado; cualquier efímera mota de polvo, una palabra o un gesto puede provocar una catástrofe que convierta en debacle esta precaria estabilidad en la que me voy convirtiendo por enésima vez en mi vida. Me he sentido juguete de las circunstancias, también protagonista forzosa, pero no quiero seguir sintiéndome de ninguna de las dos maneras. Quisiera pasar desapercibida incluso para mí misma, no llamar la atención sobre mi persona, imaginarme sombra de una luz inexistente, crecer hacia dentro, barrer mis pasos cuando avanzo y saber agradecer cada hálito de vida que sale de mi boca, de mi nariz, de mis poros,...construirme una casa cuyo único tejado fuera el cielo para que la lluvia recicle mis miserias, que el viento se lleve los malos pensamientos, que la tormenta declare su particular guerra hacia mi submundo de introversión y auto complacencia y atruene con su voz mi mundo de silencio cómplice, que la nieve se derrita en primavera arrastrando consigo la nefasta sensación de impotencia. Apostaría mi vida sin temor a perderla a que la solución a todo esto está en mi bolsillo, apostaría también sin dudarlo a que no moveré la mano para encontrar esa llave.
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Utilizar las palabras por su belleza me está conduciendo a un bunker, a un sitio cerrado y sin aire, a un sitio del que siempre escapé, a ese sitio donde todo es hermoso, pero que de tan hermoso empalaga, en donde la belleza es tan perfecta que es fea, en donde la perfección es un defecto, en donde carecer de aire se convierte en deporte atractivo y de riesgo, en donde mi vida me asfixia, en donde tu vida me agobia de impotencia. Quizás me esté perdiendo algo o sencillamente es nostalgia, xaudade, que decimos en mi tierra, morriña... estar en el lugar donde me gustaría estar aunque no soy imprescindible, ese lugar donde sé que puedo ayudar pero que también sé que no soy la solución. Sé el desconcierto que provoco, lo sé porque la persona más desconcertada soy yo, debería estar pletórica, pero me faltan componentes, partes de mi cuerpo y de mi alma que no soy capaz de completar, trozos que se quedan en el camino sin que yo pueda hacer nada para evitarlo.
(43) Ser más yo o ser menos yo....
Hoy he aprobado el curso, hoy se lo he transmitido a las personas que mas quiero en este mundo, hoy me he vuelto a sentir defraudada y hoy me he sentido, otra vez, gratamente satisfecha. Hace exactamente catorce días que he cerrado mi negocio, con todo lo que eso conlleva, y, os puedo asegurar, que ni ligeramente parecido a lo que podía imaginar en mis peores pesadillas. Mis jornadas de esos catorce días, han sido dantescas y os lo dice alguien acostumbrado a trabajar muchas horas diarias.
El lunes empezaré a trabajar, y me temo que mi ciclo no se ha cerrado, que sigue abierto, y que, esta vez, será por mi culpa, por mi deseo.
Quizás la catarsis que mi interior está pidiendo es ineludible, nace de dentro de mis entrañas, algo en mi revolución interna me está diciendo que no es suficiente, que el cambio tiene que ser más drástico, más doloroso, más sangrante. Que las decisiones que estoy tomando no son suficientes, que solo son una nube de humo de mi realidad...
Hoy me he dado cuenta que mi voz sigue sin llegar a donde realmente quiero, pero que ya estoy lo sificientemente mayor para que eso no me afecte.Hoy me he sentido lo suficientemente defraudada como para querer ser más yo y lo suficientemente apreciada para querer ser un poco menos yo. Supongo que el cansancio tiene algo que ver con todas estas contradicciones, necesito descansar lo necesito de veras. Hoy ha sido otro día extraño y lleno de sensaciones, hoy ha sido otro día más.
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Cuando Abril me pidió que escribiera la entrada nº 40 realmente hubiera querido escribir esto, pero he de confesar que no suelo publicar lo que escribo cuando el cansancio y el asco me dominan porque sé que no soy lo suficientemente lúcida para ser objetivamente subjetiva. Prefiero esperar a un mejor momento y leer lo que escribo con otro punto de vista. Ahora ya nada de esto es real, ya no me siento así, pero quería compartir con vosotros uno de esos momentos funestos. Prometo no volver a hacerlo.
(42) Conversación
He reunido la fuerza necesaria para sentarme ante tí, sé que hace tiempo que debería haberlo hecho, mirarte a los ojos y hablar, observar tus reacciones, transmitirte lo que siento, lo que percibo. En tu rostro tan cercano leo las ganas de tranquilidad, de que todo esto pase, el sufrimiento del fracaso mal llevado, la angustia del futuro, una tímida esperanza, ... Sé que nunca mostrarás ciertas miserias propias, que ocultarás con premura tu debilidad, que no mostrarás el miedo a lo que el porvenir te depare,... Siempre espectante, siempre callada ante el dolor, impidiendo que las lágrimas broten sin vergüenza.
Veo que te muerdes la lengua y apartas la mirada, no debo andar muy desencaminada. Aunque conociéndote, no me sorprende tu reacción. No, calla, sé lo que vas a decir, y ya sabes que no es cierto, que por mucho que lo intentes nunca conseguirás ser lo suficientemente sincera, ni lo suficientemente buena, ni lo suficientemente... se lo que pasa por tu cabeza aunque muchas veces no lo entienda. Eres más cobarde, menos auténtica y más egoista de lo que te gusta reconocer. Sé que lo sabes, por eso lo digo sin temor a hacerte daño.
Puedo decirte que estamos en donde siempre, tus miedos, tu inseguridad, tu angustia, sigues sin saber abrir tu corazón, intentando escapar de la situación de contar lo que te pasa no vaya a ser que piensen que eres débil, tus problemas no existen de cara a los demás, nunca los contarás mientras te produzcan dolor, es como siempre, en eso no has cambiado ni cambiarás nunca.
¿No te das cuenta que intentando mantener esa fortaleza, te estás debilitando?. ¿ No ves que es imposible mantener esa imagen a perpetuidad?. Además, ¿realmente sirve para algo?. Ya sé que me dirás que lo prefieres así, que es más fácil, que es lo que la gente espera de ti. ¿Estás segura de que merece la pena ese desgaste?.
Sentada aquí, frente al espejo, veo tu rostro cercano y leo en tu mente la excusa perfecta:
"¿Qué le voy a hacer? Soy así, siempre he sido así."
(41) Una promesa es una promesa.
La falta de rentabilidad y la cantidad de horas de dedicación, la creciente necesidad de tiempo para dedicarme a mí y los míos, la sensación de estar conectada las 24 horas que tiene el día, 362 días al año, acrecentada por la falta de vida propia, algo que para mí es vital, fueron algunas de las razones que me llevaron a tomar la decisión de dejar mi negocio.
Mis dudas, mi miedo ante lo que iba a suceder, el sentimiento de fracaso personal e intransferible y la dificultad de asumirlo, el intentar por todos los medios a mi alcance evitar que algo en lo que había depositado muchas de mis ilusiones y esperanzas se fuera al garete, la muerte de mi madre y alguna cosita más han conseguido que estos últimos meses no hayan sido precisamente los mejores de mi vida. Las despedidas, el saber que, personas que han formado parte de mi cotidianidad durante estos casi seis años, van a desaparecer de ella para siempre, tampoco han ayudado a mejorar la situación. Debo reconocer, para ser justa, que Internet, el messenger, este blog y, sobre todo, vosotros, habéis ayudado a que todo fuera menos malo, más llevadero, más digerible. Me acompañásteis con vuestros comentarios, distrajísteis mis momentos de caída libre con vuestras entradas. Noté vuestro cariño a través de la pantalla, cariño que me reconfortó no sabéis cuanto en algunos instantes de delirio. El día 30 de junio fue el último día que abrí la puerta. A partir de ese día todo ha sido demencial, pero esta última semana ha colmado todas mis ya conocidas expectativas de lo que me esperaba.
El lunes pasado empecé un curso con bastantes posibilidades de trabajo. A partir de ese momento mi cuerpo y mi mente se han desdoblado en varias Conchis, la multipersona que desconocía que existiera en mi interior ocupó mi lugar y, menos mal, porque llegué a pensar en que no sería capaz de superar semejante prueba.“Que la vida no nos dé todo lo que somos capaces de aguantar”, esta frase vino en varias ocasiones a mi cabeza y comprobé su absoluta veracidad.
Es impresionante el aguante que tiene el ser humano en situaciones tan estrambóticas como la que acabo de pasar.
Los únicos instantes de inmovilidad e inconsciencia eran durante el sueño, breve e inquieto, pues era tanto el cansancio, físico y mental, que el descanso era aparente en realidad.Pues todo este rollo Macabeo viene a que el locutorio está prácticamente liquidado, (quedan algunos flecos pero más llevaderos) y que he aprobado el curso, este lunes empiezo a trabajar por cuenta ajena. Espero descansar el domingo para recuperarme un poco, estudiar algo y dedicarme un buen rato a mí y a ese paseo tan sumamente agradable que siempre supone visitaros y dejaros “un beso” en vuestras casas virtuales. No os podéis hacer ni la más ligera idea de cuanto os he echado de menos.
- Os quiero, guapos.
- Os quiero, preciosas.
(40) Una saludo rápido
Después de estas dos semanas de vértigo (eso os lo contaré en una entrada dedicada en exclusiva), el lunes empiezo a trabajar. Ha sido duro, pero ha merecido la pena. He pensado de no llegar, de no poder aguantar el ritmo que me estaba siendo impuesto, de que mi cuerpo no podría con ese agotamiento brutal que me recordaba a los ciclistas subiendo los lagos de Enol y aún estoy pagando el esfuerzo. Pero bueno, he soportado el cansancio, la presión mental, el calor y creo que ha merecido la pena. Supongo que después de unos días más tranquilos, la serenidad que tanto me gusta volverá a ocupar las partes de mi alma en donde me gusta que sea dueña y señora. Intentaré volver lo antes posible y contestar a vuestros comentarios y, como no, darme un paseo relajado y tranquilo por vuestros blogs, que ya me va haciendo falta.
(39)Quiero decirte
Me gustaría describirte y no puedo, puedo hablar de lo que me muestras y sientes, a lo que aspiras, que es lo que te hace daño, saber si tu alma está oscura o si la luz eclosiona en tu interior. Puedo saber que expresión usarás cuando el corazón te sonríe.
Toco tu alma cada vez que te leo, me impregno de los aromas del jardín que describes, sufro cuando sufres y sonrío cuando la alegría te exalta. Aplaudo al final de cada una de tus actuaciones y me emociono cuando tus lágrimas se asoman al balcón de tu mirada descritas en forma de poema y corazón enamorado. Nunca abrazaré tu cuerpo, ni oiremos mis dos sonoros besos en tus mejillas, nunca se enlazarán nuestras manos, ni se sonreirán nuestros ojos, pero siempre sabremos que nuestros corazones se han encontrado en la mejor tierra abonada, la del respeto, del cariño nacido en cada letra, en cada palabra, en cada frase, en cada entrada. Sé lo que tu quieres que sepa, adivino lo que se escapa por los poros de tu alma en los momentos de soledad sincera, en la que ni tú ni yo ejercemos de poeta, sino simplemente de yo con todas mis consecuencias. Nunca te imaginarás ni remotamente donde has estado porque a donde yo voy siempre estás a mi lado o en mi entorno o en mi centro. Sé que puedes hablar de lo que siento, de lo que me duele y por lo que muero, me gustaría que pudieras describirme, pero también sé que no puedes. Podría decirte que mis ojos son verdes y que siempre te mirarían con pretendida ternura pero no sé si lo lograría; que mis cejas se entretienen en una constante conversación de la que a veces soy totalmente ajena. Que mi pelo sostiene una ardua pelea entre ser blanco o ser tan negro como fue siempre pero que no intervendré en semejante batalla; que me encanta mantenerlo bastante corto para que no me dé demasiado la lata. Que mi estatura es normal y mi tamaño grande, que a mi boca le gusta sostener una sonrisa pero que no siempre lo logra, que mi nariz se pasa el día intentando sobresalir del puente de mis gafas y que mi alma es como la conoces, lo siento, no hay más. Que mi pudor, mi inseguridad y mi experiencia me dicen que mostrarse débil no es ni buen comienzo, ni buen intermedio pero sí buen final de una amistad unilateral. Que en mi cabeza hay imágenes de mil historias donde TÚ eres el protagonista. Donde la realización de una idea se puede convertir en obsesión o durar lo que dura un pitillo. Donde lo más importante siempre es comprender, lo que sea, pero comprender. Que antes de sentirme atacada buscaré siempre la justificación del porqué de ese ataque ya que no me siento merecedora de tan dudoso honor. Que dudaré de todo pero nunca de mi amor pues me enamoro continuamente y entonces no me provoca incertidumbre pues sé hasta donde llega: hasta el fondo. Que mi deseo físico y mi deseo mental son cosas totalmente independientes, crecen y se multiplican de manera autónoma y enriquecedora para mi necesidad de vida, y que siempre triunfa el deseo mental pues el físico es elemental y, por lo tanto, manejable dentro de un orden (mi orden, raro pero muy mío). Que necesito aire para respirar, agua para no deshidratarme y comida para vivir; es cierto, es una obviedad, pero necesito estar rodeada de obviedades tan claras como ésta y no me avergüenza confesarlo, como no me avergüenza confesar que necesito amar y ser amada, querer y ser querida (suena menos “fuerte”, ¿no?; a mi me gusta más lo de amar y ser amada, aunque ello no indique pareja). Llegados a este punto no sé lo que piensas, si necesitas decírmelo. Si te apetece, lo tienes fácil. Sólo me queda darte las gracias por estar leyendo todo esto sin mandarme a paseo, cosa que, si me lees habitualmente sabrás, considero una opción muy respetable.
(38) Recuerdos de verano
Nuestros pies quedaban marcados sobre la arena recién barrida por las olas, por esas mismas aguas que robaron mis lágrimas en múltiples momentos de tristeza. Nuestro rastro estrenando la playa, siguiendo nuestro ritual camino hacia las rocas que, con su dureza nos devolvían siempre la consciencia. Caminar así, bajo el influjo de las olas, de la brisa y de vuestras reconfortantes voces sigue siendo uno de mis más gratos recuerdos.
Nuestras huellas, nuestras risas entrelazadas bajo el mismo cielo, ese mismo cielo que nos tocó compartir y que espero nos cobije siempre. Cuerpos entregados a una tácita amistad, mirando al frente, en la misma dirección, mirando a esa luna grandiosa y serena, discurriendo indiferente por la noche sin margen. Donde estar era permanecer, donde la brisa era magia en nuestras almas. Confundiendo mi tiempo con nuestro tiempo. Quemando las velas que nos quedaban, una a una, para que su luz eternizara cada instante compartido.
Danza de fuego en noche estrellada, baile de llamas y sonrisas abiertas, conversaciones pausadas. Hechizo de un trozo del sol y de luna llena, cortejo de estrellas, reflejos en el mar y miradas traviesas. Ambiente de fiesta, amigos sentados alrededor de una hoguera. Silencios tranquilos, confesiones ciegas, confidencias sinceras. Recuerdos compartidos, exagerados a veces por la emoción del relato: " Te acuerdas cuando....", rematando en carcajada general y chiste conocido.
Noches de verano y, como excusa, una hoguera.
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¿Organizamos una?
(¿No es bastante parecido a un botellón?, para que digan que es una invención de ahora, jejeje)
(37) Caminante con destino
(35) Una revelación transcendente
Voy a hacer una transcendente revelación:
(¿No pensaríais que os iba a descubrir los secretos del misterio de Fátima?.)
Pues eso, que cada día me gusta más visitar otros blogs y se han sumado a mi ya larga lista de palabras terminadas en -adicciones.
Por supuesto Mis Secretas Escapadas son lugares de culto, sacro-santos, las visito todo los días, e incluso varias veces, con la expectante curiosidad que experimentan los niños cuando abren un regalo, que es lo que son algunas de esas páginas, un hermoso y delicado regalo. Espero encontrar nuevas entradas, las leo con calma, las releo y pienso el comentario que quiero poner, aunque a veces, los posts son tan bellos e íntimos que me da bastante respeto meter la pata, pero creo que debo hacer el esfuerzo, pues si alguien hace algo tan hermoso como compartir sentimientos y pensamientos, que menos que agradecérselo, y como flores no se pueden enviar y pueden dar lugar a malos entendidos, pues dejo mi comentario diciéndole: no sé si estoy metiendo la gamba, pero por lo menos yo, insignificante ser, lo he leído y me ha gustado. Cuando tengo tiempo las repaso por completo, abro los archivos, las categorías, visito los enlaces,... trato de imaginar a quien lo escribe a través de lo que escribe, o de lo que no escribe, que también se da el caso, aunque el turbante de adivina no me favorece.
(34) Quisiera
(30) Amigos virtuales
(29) Lo que sé, lo que siento
(28) Tal día hizo un año
(27) Desde el otro lado
(25) Destierro
(24) Para alguien muy especial
(23) Delirio de soledad
(22) Promesas incumplidas
(18) Día das Letras Galegas
"No fondo de un sempre hai un pobre neno que chora". Ana Legido.
Hoxe e unha data especial en Galicia:
O DIA DAS LETRAS GALEGAS.
Desexo que teñades un bo día.
(Isto foi una petición de unha amiga e o prometido e débeda. Aiquí está a homenaxe, miña nena)
Negra Sombra
Cando penso que te fuches,
negra sombra que me asombras,
ó pé dos meus cabezales
tornas facéndome mofa.
Cando maxino que es ida,
no mesmo sol te me amostras,
e eres a estrela que brila,
e eres o vento que zoa.
Si cantan es ti que cantas;
si choran, es ti que choras,
é o marmurio do río,
é a noite é a aurora.
En todo estás e ti es todo,
pra min e en min mesma moras,
nin me dexarás ti nunca,
sombra que sempre me asombras.
Rosalía de Castro
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RECUPERACIONES
Ultimamente los sentimientos fluyen por los poros de mi alma con facilidad; nunca había experimentado esa fluidez de una manera tan clara, tan intensa. Siento y acepto sentir de otra manera y asumo mi sentir con más naturalidad. Las sensaciones vienen en oleadas, me inundan y lo llenan todo. He vuelto a recuperar mi brújula, mi puerto. Seguirá a mi lado marcando mi norte, buena falta me hará para atravesar la tormenta que se me avecina.
Vendrá mi amiga a hacerme una visita, eso me ilusiona y me alegra el corazón, estará poquito tiempo pero es otro punto a sumar en un balance en el que llevaba una temporada anotando todos los asientos en el debe.
He percibido el apoyo de personas tan sumamente especiales que no podría haberlo imaginado ni en mis más felices sueños. Con su paciencia y cariño me han hecho sentir en cada segundo compartido bienestar, compañía y una gratitud infinita.
Haber encontrado a personas capaces de abrirme el alma mostrándome la suya, capaces de transmitirme la dulce, cálida y agradable sensación de poder abrir mi cúpula sin reservas, sin miedo y con la seguridad de que no va a pasar nada malo, que no puede pasar nada malo.
Espero esa tormenta que se me anuncia con más ánimo, más fuerte. Y me someto a esa espera que me quema con menos miedo, con más valentía.
(16) Un atardecer especial
El atardecer difuminó mis sombras. La compañía, más que grata, imprescindible. Había ausencias, siempre las hay, aunque en mi corazón y en mi alma no las añoré, estaban allí, acompañando ese momento sublime en el que el sol hace enloquecer al cielo de naranjas infinitos. Otro momento de no pensar, de no sentir, otro momento de inspirar fragancias, de saborear, de salitre y algas, de instantáneas y colores, de palabras susurradas y silencios cómplices, de roces de brisa en la piel. Impregnarse, captar, dejarse llevar y... respirar, respirar profundamente, llenando los pulmones de sal, de atardecer, de aire, de amistad, de amor. Hacía frío, pero mi corazón sintió una sensación cálida, tranquila que hacía ya tiempo que no sentía. Gracias por hacerlo posible, por estar y por compartirlo.
(15) Cúpula
La vida, nos va presentando situaciones que nos causan dolor, personas que mutilan nuestra alma y nos dejan en inferioridad de condiciones para enfrentarnos a lo que aún nos queda por lidiar. Instintivamente vamos creando una cúpula protectora en la que nos sentimos a salvo de agresiones externas. En esa cúpula defensiva, a veces ofensiva, aprendemos a callar, a no decir, a no contar... Nos convertimos en seres aislados, protegidos de cualquier tipo de acercamiento que vaya más allá de esa superficie que hemos creado para que nadie tenga acceso a nuestro interior.
En esa cúpula, nuestros sentimientos, nuestras sensaciones, nuestro dolor, nuestras vergüenzas, están a salvo, nadie más volverá a lacerarnos, nadie más los utilizará en nuestra contra. Aprendemos a omitir, a engañar sin percatarnos que los únicos estafados somos nosotros.
No nos damos cuenta que al permanecer dentro de esa cúpula, sin hablar de nuestras inquietudes, de nuestros miedos,... ahí donde nadie va a conseguir entrar para hacernos daño, tampoco dejaremos entrar a nadie para darnos su cariño, su amistad, su amor. Evitamos el dolor que causa el desengaño, también la reconfortante compañía de un amigo. Evitamos la angustia de saber que alguien pueda jugar con nuestros sentimientos, también nos estamos negando a recibir el apoyo que tantas veces nos es tan necesario. Esquivamos la daga pero también el beso. Cerramos la herida, pero también cerramos nuestro corazón. Desmontar nuestra defensa no es fácil ni aconsejable pues seguiremos circulando por una vida que nos seguirá deparando situaciones y personas deplorables, pero sí podemos flexibilizarla para que, cuando encontremos una mano extendida y nuestro corazón nos diga que no se va a retirar tan pronto extendamos la nuestra, la cúpula se retire y que nuestro interior salga y cubra esa superficie hecha a medida y podamos llorar por fin sobre un hombro amigo. Seguro que detrás de esas lágrimas, bajo esa cúpula ya compartida, vendrán infinitos momentos compartidos.
(14) Libros
Me gusta leer, suele ser la última cosa que hago antes de dormirme. Por muy cansada que esté, leo aunque sea un par de páginas, en alguna ocasión he tenido que releer esas mismas páginas tres noches seguidas, porque el cansancio puede con mi escasa inteligencia y no me entero de nada.Me encantan los libros, es casi un ritual escoger el que llenará mi cabeza de nuevas palabras, de nuevas frases, mil veces leídas, mil veces escuchadas, y nuevas cada vez. Procuro no leer la biografía, ni el prólogo, ni el resumen, quiero leerlo “limpia”, me fío poco de las críticas. Me enamoro de los títulos, es mi manera de elegirlos. Tengo poca memoria (cosa que odio pero es con algo que tendré que vivir) por lo que no suelo acordarme de los escritores. Cuando Carsito me pidió mi lista de lecturas, fue complicado facilitársela (aunque fue una grata labor de recordatorio y evidentemente faltan muchos en esa lista) pues me acuerdo de los títulos, pero tuve que buscar los escritores, soy un verdadero desastre, de verdad.Me gusta la narrativa, aunque para ser sincera, no soy demasiado exigente ni con el género ni con el tema, a mis lecturas les pido que sean capaces de arrastrarme tras las palabras, que tiren de mí, que me subyuguen, que me sumerjan en un torbellino de belleza y ritmo.Cada vez que encuentro uno capaz de transmitirme todo esto, que es capaz de expresar las sensaciones y describir las realidades de una manera magistral, me hace morir de envidia. Debo reconocer que me encanta morirme de envidia, porque eso me indica que he encontrado otra vez un libro que me ha enamorado.
(12) BARRA LIBRE
(11) Huelga en el metal
Columnas de humo negro, olor a plástico derretido, carreras, contenedores tumbados, gritos de furia, meneos de coches, conductores exaltados y acallados por la presión de la masa, sirenas de policias y bomberos, .... De algún cajón de la memoria recibo imágenes de un pasado vivido en un presente pasado con otros ojos y otras ganas. Caras de sorpresa, de indignación, sobre todo desconcierto, caras buscando en sus recuerdos esas imágenes de ese pasado. Sólo cambian las ropas, los uniformes, la forma de los contenedores, el resto es tan similar que casi asusta. Y el helicóptero sobrevolando la zona como una libélula metálica.
HUELGA EN EL METAL
Frase escuchada durante años sin que las emociones se revolvieran. Hoy es distinto, hoy la mañana ha traido una manifestación a la antigua usanza, hoy la sociedad me ha dado la sensación de estar viva, la sensación de lucha por los derechos, aunque sea a golpe de mechero y lunas rotas, aunque sea a golpe de coches volcados y botes de humo. La mañana me ha traido la sensación de que no estamos tan anquilosados como pensaba, que la sangre fluye en esta vida en común en la que todos parecemos sentirnos ajenos pero de la que todos formamos parte.
(10)CONTRASTES
Me gusta sentir las gotas de lluvia mientras camino sin prisa, ralentizo el paso más aún si el destino es mi casa, me encanta llegar, quitarme la ropa empapada y meterme bajo la ducha caliente, secarme el pelo con la toalla y sentarme en el sofá. La sensación de frescura, de olores, de contrastes me llena. La frialdad de la lluvia contra la calidez del agua de la ducha, el tacto de la ropa mojada contra la suavidad de la toalla en mi piel, el grato cansancio de la caminata contra la sensación de descanso del sofá. Contrastes que consiguen convertir momentos sencillos en momentos especiales.
Ayer fue otro día intenso en emociones, otro día de encuentros, de gratos y no tan gratos recuerdos, de tristes despedidas, de nuevas sensaciones a analizar, a digerir, a archivar. Día de repaso de historias cotidianas, de heridas abiertas y cicatrices bien curadas. De demostraciones de cariño sincero y de hipocresía social, de lágrimas incontrolables y sonrisas cómplices.
Ayer fue día de entierro, de luto cerrado, de llanto sincero en busca de consuelo, de ideas peregrinas pensadas en instantes de desesperación, de demostraciones de fuerza sin fuerza, de dolor por la ausencia aún presente, de rostros enfebrecidos de pena. Día de tenso alivio tras la agonía, de sonrisas culpables de reencuentro, de besos salados, caricias contenidas y de abrazos plenos.
Ayer fue un día de contrastes, pero sin lluvia ni ducha caliente, sin ropa mojada ni suave toalla, sin grato paseo ni sensación de descanso. Ayer fue un día intenso en sensaciones.
(9) ESTRELLA, Mi madre.
En estos días de débil furia, en los que mi coraje parece haberme abandonado, donde lo único fuerte que tengo es mi debilidad y mi esencia parece evaporarse por mis poros dejándome seca de aromas interiores, tu esencia impregna mis sentidos.
En ti conocí el amor incondicional, ese amor sin preguntas ni reproches, la mirada de un corazón limpio, la dedicación exclusiva y la entrega desinteresada.
Trataste de moldear mi mal carácter demostrándome que con una sonrisa se conquista el mundo, que un piropo sincero alisa asperezas, que las miradas hablan y que los labios deben saber callar.
Me enseñaste que la vida es un camino y solo hay una manera de recorrerlo: hacia adelante. Que la verdad duele pero también ayuda a cicatrizar y que la risa es el bálsamo más primitivo, eficaz y hermoso.
Estos días he hablado de ti con personas que no te conocieron, que jamás van a tener esa posibilidad y me encantaría haberles podido transmitir tu esencia y no mi dolor, esa esencia que me impregna en estos momentos con más fuerza pero que sé que permanecerá en mi alma el resto de mi vida.
Te me fuiste sin aviso, con una sonrisa serena en tu rostro cotidiano y doy mil gracias porque no sufriste en el tránsito pero asumirlo me está costando más de lo que nunca llegué a pensar.
(7)LA FORMA DE SENTIR LA VIDA
Como siempre tengo miedo, miedo a no saber que decir, a qué hacer, a quedarme corta, a pasarme, a hacer daño, a no saber amar y como siempre me domina ese miedo, como siempre siento miedo del miedo. Y me siento incapaz de dominar lo indomable. Y tengo esa sensación de vacío que todo lo impregna, la parálisis neutraliza la razón y todo lo destruye: las oportunidades, las francas intenciones, las nuevas emociones y el buen amor. Y me pregunto: "¿Y por qué a mi?". Y mi razón en su eterno monólogo-diálogo: "¿Y por qué no a mí?". "¿Qué tienes de especial?". "¿Por qué a los demás sí y a ti no?". Y contesto: " Tienes razón".
Realmente no soy nadie especial, soy un ser más pululando en esta vida que me tocó en un sorteo en el que no participé voluntariamente, tampoco fui mano inocente aunque reconozco que el boleto era gratuito y que todos estaban premiados con algo tan especial como la Vida. Julio (con tu permiso) me dejó una frase en uno de sus primeros comentarios que me ha acompañado desde entonces: "De lo único que debemos sentir vergüenza en esta vida es de no intentarlo todo para ser felices".
Los buenos y malos momentos, las tristezas, las alegrías, la belleza y la fealdad del mundo, las sonrisas, las caricias, los besos, los logros, los fracasos, las pérdidas, la salud, la enfermedad, los desengaños, las frustraciones,... todo forma un lote indivisible, todo conforma el premio que me ha tocado. Que este premio haya sido bueno o malo, va a depender de una sola cosa :
DE MI FORMA DE SENTIR LA VIDA.
Y creo que ha llegado la hora de perderle el miedo a ese miedo, no a sertirlo, pienso que eso es inevitable, sino a dejarme paralizar por él y que domine mis sentimientos, sensaciones y sentidos.
(6)MAÑANA SERÁ OTRO DIA
Las cosas nos suceden en muchas ocasiones de repente, sin avisar, nos cogen por sorpresa, nos levantan y nos estrellan contra el suelo. Estoy tirada en el suelo, intentando componerme, no pretendo levantarme, aún no, sé que tengo que esperar, necesito darme un tiempo para tratar de recuperar el aliento, palpar despacio y ver lo que tengo roto, lavar mis heridas y tratar de que la gangrena no se apodere de mi alma. Voy aprendiendo a caer, no es la primera vez que me sorprendo en el suelo, tampoco será la última. Mañana será otro día.
Cuando escribí la primera entrada de mi vida, era un monólogo, la única pretensión era la de reflejar sentimientos y sensaciones, ponerle un texto a lo que sentía, a como lo sentía y cuando lo sentía. Imperceptiblemente se ha convertido en dialogo, poco a poco habéis encontrado la puerta de mi corazón, una puerta que estaba ahí pero de la que no tenía consciencia. Siempre hablo del mundo real y del mundo virtual, pienso que entre todos hemos creado otro mundo paralelo a estos dos, un mundo cuyo Big Bang, pequeño y nada llamativo, han sido los blogs, nos hemos ido conociendo poco a poco, sin mentiras, cada uno construyendo su casa utilizando los mejores materiales a su alcance, los sentimientos, las sensaciones, el respeto y la sinceridad. Hemos formado un grupo compacto pero no cerrado, una constelación aparte de esos otros dos mundos, en la que todos somos importantes, en la que todos nos preocupamos por todos. Da igual lo que escribamos o como lo escribamos, todos estamos ahí, cada uno en su sitio pero, al mismo tiempo, interrelacionándonos con los demás. No sé si os ha pasado a vosotros igual que a mí, pienso que si porque lo he notado en algunos: me resulta increíble, totalmente increíble estar diciéndole a alguien que no conozco, que no sé si llegaré a conocer nunca, que lo quiero, que lo aprecio o que lo entiendo y decírselo con el corazón en la mano, incluso dudar de decirlo para que nadie piense que estoy realmente como una cabra (aunque así sea, pero eso ya ha sido motivo de otra entrada) y no importarme y acabar por escribirlo, sin vergüenza. Realmente si me lo dijeran antes del aquella primera entrada, pensaría que la persona que me lo está diciendo está seriamente perjudicada por alguna sustancia alucinógena.
Vaya rollo para deciros que gracias, que os quiero, que me sentais bien y que trataré de aportar mi pequeñito granito de arena para que esta nueva constelación se consolide como algo que ya está siendo, un bello proyecto de personas que pueden estar en cualquier parte del mundo, pero que están unas al lado de las otras, a pesar de todo lo increíble que resulte.
(5) POCA COSA O NADA, MÁS BIEN
(2) ¿COMPAÑEROS O AMIGOS?
(1) ESTAIS EN VUESTRA CASA
Aquí estoy, con los nervios naturales de cualquier inauguración, (aunque no es la primera); descansada después de unas pequeñas vacaciones y un tiempo de reflexión, con ganas renovadas e ideas frescas, aunque la sinceridad y la necesidad de describir sensaciones y sentimientos me los he traido conmigo. Espero que os guste esta nueva casita, pasad y sentaros cómodamente, tenéis cada uno de vosotros un par de zapatillas y una camiseta de ésas largas y grandotas para que la estancia os sea más agradable, procuraré que así sea.
Me gustaría que consiguiéramos una comunicación fluida, por lo que contestaré a vuestros comentarios en donde me los dejeis.
Bueno, acomodaros:
Estáis en vuestra casa.

