Se muestran los artículos pertenecientes a Marzo de 2007.
Resumen
- 01/03/2007 21:20 - (95/66) Diálogos entre almas y III
- 04/03/2007 15:42 - (96/66) Te... Me... Contigo.
- 06/03/2007 18:21 - (97/66) Necesidades
- 08/03/2007 17:07 - (98/66) Un cuento de invierno
- 19/03/2007 15:02 - (99/66) Un grato fin de semana
- 25/03/2007 17:57 - (100/66) Distraída
(95/66) Diálogos entre almas y III
Exige a mi boca, de nuevo, que retorne a su delirio verbal, ese desvarío dulce y excitante que la proximidad de tu alma provoca en mí y que consigue que toda mi cordura se diluya entre palabras. Y mi razón lúcida se pierde entre los sonoros ecos de más y más palabras, ecos infinitos que las alejan pero que las mudan eternas a nuestros oídos, convirtiendo el diálogo de nuestras almas en una melódica sinfonía de susurros electrizados... sublime coro de voces del alma sincronizadas y entrelazadas por el azar en esa noche en las que tejimos nuestro manto.
Y nuestras almas:
Confiadas, sorprendidas y plenas de agotamiento yacen tendidas envueltas en los ecos de nuestra imaginación desbordada. Las sonrisas sustituyen a las palabras, nuestros labios callan cómplices de un silencio repleto de ecos y nuestras miradas imaginadas las repiten, hechizándolas, convirtiéndolas en los minúsculos granos de un inexiste reloj de arena que marca inexacto nuestro tiempo, ése que convierte los minutos en horas... las horas en años... y que nos transmite la cálida sensación de que nuestras almas conversan así desde siempre... que esa noche, mágica, exhaustiva y voraz, se repite en cada encuentro, cada vez que conversan en silencio.
(96/66) Te... Me... Contigo.
Te propongo:
Convertirte... en mi destino.
Dedicarte... cada suspiro.
Vivirte... en mis sueños.
Construirte... en mis brazos.
Modelarte... en mis manos.
Disfrutarte... en mis labios.
Aprenderte... en tus movimientos.
Saborearte... en tus sonrisas.
Adivinarte... en tus palabras.
Escucharte... en tus silencios.
Incrustarte... en MÍ...
Y quiero:
Tatuarme... en tu piel.
Disolverme... en tu esencia.
Complicarme... en tu pelo.
Esculpirme... en tu aliento.
Impresionarme... en tus ojos.
Recorrerme... en tus dedos.
Comprometerme... en tu talle.
Reinventarme... en tu ausencia.
Empaparme... en tu néctar.
Encontrarme... en tu soledad.
Confundirme... en TI...
Balsamizar cada dolor, cicatrizar cada herida,
descubrir cada estigma y que borres tus recuerdos... CONMIGO.
Recoger las lágrimas que la vida te provoque
y diluirme bajo las gotas de una fina e intensa lluvia... CONTIGO.(97/66) Necesidades
Mis palabras me suenan gastadas y aunque me rompa en mil silencios, éstos siempre serán de paja, pues mi necesidad de explicarme lo que siento y porqué lo siento es más fuerte que mi urgencia de silencio. Tras una temporada un tanto apática y distante a nivel de lectura (bueno, realmente no solo en la lectura), vuelvo a tener la necesidad de leer, vuelvo a sentir el ansia de descubrir otro título que me enamore, un nuevo texto que me arrastre tras una estela de palabras, que me impulse entre nuevas percepciones, que me re-hidrate con ajenas sensaciones y que nutra mis emociones. Necesito encontrar esa lectura que, en comunión íntima y privada, consiga tonificar mi mente y regalarme el hermoso presente de narrarme una historia recién imaginada, pensada y recreada para mí.
Quizás solo sea eso, una nueva necesidad: la de renovar mi vestuario de significados, de sinónimos y antónimos, vestirme de descripciones originales y distintas de situaciones ya vividas, engalanarme de palabras encontradas para describir las nuevas e intensas sensaciones que calientan mi corazón en estos momentos.
Necesité perderme en ti para recuperarme, para devolver la esencia a mis sentidos... necesité encontrarte para perderme en lo más profundo de mi alma... o simplemente necesité ver tu dedo apoyado en tus labios acallando el ruido que provocaba mis pesadillas, para recuperar mis sueños... GRACIAS, VIDA.
(98/66) Un cuento de invierno
Hoy, en ejercicio voluntario y necesario, he paseado entre las tinieblas del tiempo, impregnadas del unísono tañido de campanas de bronce tocando a duelo, entre murmullos lejanos de voces que recordaban a los vivos la no existencia de los muertos, entre llantos quejumbrosos, pagados al efecto.
He recorrido despacio, respirando el aire, un cementerio en donde las tumbas, lechos anónimos de vivos eméritos, se han convertido en floreros vacuos de sensaciones vividas en historias pasadas. Mis ojos vagaron por aquellas flores, algunas frescas, otras marchitas de olvido, exhibidas en donde las preguntas surgen en curiosidad excéntrica y el vaho de mi respiración se condensa en las telarañas del recuerdo.
Y en un vano intento, he recreado una historia inventando datos, creando amores e imaginando besos para cada uno de los ausentes presentes; he regado las flores frescas y escondido las del olvido, ésas de las que ni se sabe con qué color nos han obsequiado en algún momento, en una presuntuosa y grotesca mueca de restituir el recuerdo.
He caminado por ordenadas sendas, arrastrando mis pies por intransitables caminos de barro y por otros de agradable hierba sembrada, entre cipreses centenarios y setos de suyas con formas fantásticas, entre flores del eterno recuerdo y negras cenizas de abandono, entre ilusiones rotas, vidas rocambolescas, intentos inútiles, amores fingidos y gritos de esperanza.
En aquel atardecer prematuro, provocado por una fina y persistente lluvia de febrero, anduve entre gárgolas dantescas, esculturas marmóreas adornadas de guirnaldas de angustia, figuras de ángeles caídos en perversos e impuros actos, de pétreas lenguas de fuego representando la cólera divina cayendo sobre las ánimas de un purgatorio repleto de pecado; todas talladas por maestras manos en el arte funerario.
El dolor, el terror, el castigo,... omnipresentes, protagonistas en un lugar donde la muerte tiene justificación divina... donde los inocentes no tienen razón de ser, donde la culpabilidad y la miseria se asocian en extraños contubernios.
Y en aquel ejercicio, voluntario y necesario, me detuve para orientarme en aquella caza a ciegas, impulsada solamente por los ojos de mi corazón, los únicos que conocían las misteriosas formas del objeto de mi búsqueda. Él era la única brújula que guiaba mis pasos entre las tinieblas dirigiéndome por aquel aquelarre de muerte. Pero aquella desolación no afectaba a mi alma que, como un perro de presa, permanecía serena, concentrada, atenta a cualquier variación, en un estado casi místico. Cerré mis ojos mientras las gotas de lluvia resbalaban por mi pelo, por mi cara, por mi ropa empapada... tensé mi cuerpo y aspiré profundamente, un intenso aroma golpeó mi cabeza y el ruido de unas palas penetrando en la tierra provocaron que todo mi cuerpo se convulsionara en un intenso escalofrío.
Allí, delante de mí, donde mi caminar se había detenido, dos hombres a la luz de dos candiles, cavaban una tumba, otra más, pero esta vez el muerto no sería anónimo, ni una presencia ausente. Esta vez su ocupante sería mi cuerpo que yacía silencioso en un ataúd de tapa transparente atravesada por una casi irreal y luminiscente rosa roja. No había nadie más que mi incorpórea presencia y aquellos dos ajenos hombres, pero mis ojos no podían apartarse de aquella rosa depositada allí por alguien que inventaría mi historia, añoraría mis manos, recordaría mis besos... mis lágrimas se confundieron con las gotas de lluvia que surcaban mi rostro, solo al llegar a mis labios me di cuenta, pues su ligero sabor a sal delataba su existencia. Mi búsqueda había concluido.
(99/66) Un grato fin de semana
A estas alturas y después de unas cuantas entradas, de bastantes sensaciones plasmadas en palabras, de algunas emociones rescatadas del laberinto de mi incomprensión, de asumir cada gesto, cada abrazo, cada risa y cada lamento... con un poco más de experiencia, un poco menos de inseguridad y con el mismo empeño en mantener mi sinceridad... no descubriría nada nuevo si dijera que sigo teniendo la misma necesidad de siempre de “ver” esas sensaciones escritas, las que me genera lo que me rodea y las inspiradas por las personas que configuran mi entorno, mi vida. Asimilarlas no es siempre tarea fácil, hay algunas (por intensas) de las que aún no me siento capaz de escribir, tal es la marea que provocan en mí.
Ayer el atardecer tuvo una tonalidad especial, no lo viví sobre mi mar, pero si sobre un mar de tierra y verde... tenía una luminosidad distinta pues lo disfruté sobre la silueta lineal de la llanura castellana. Y mientras mis ojos lo respiraban, mi mente reproducía y asimilaba lo recién vivido.
El sol, naranja intenso, me transmitía su calor a través del cristal del autocar, lentamente se zambullía en un horizonte infinito y mi mente se dejaba acompañar por aquel impresionante espectáculo, vagando por las sensaciones recién filtradas en mi alma.
En mi primera entrada, Reflexiones , escribí la siguiente frase:
“...la necesidad de ser sincera cuando me conecto, como una particular rebelión hacia todas las mentiras que sabes que te cuentan en la red, una íntima campaña de captación al respeto hacia mi misma y hacia los demás. Tengo la necesidad imperiosa de saber con seguridad que mi teclado y mi pantalla van a ser sinceros con tu teclado y con tu pantalla y que, en justa correspondencia, vas a hacer lo mismo; que, en el improbable caso de que tu rostro y tu voz se encuentren con mi rostro y mi voz, se transmitan lo mismo que nuestros teclados y pantallas y poder verte a los ojos teniendo la seguridad de que no voy a defraudarte porque tú ya sabes como soy.”
Ese “improbable caso” ha dejado de serlo, convirtiéndose en una grata realidad.
Gracias Gloria , Isabel y María por haber enriquecido mi particular mundo, por haberme regalado uno de esos momentos que me permiten disfrutar de la luz del sol en el rostro mientras puedo cerrar los ojos sin miedo.
(100/66) Distraída
Hacía días que no me sentaba a escribir. Quizás el motivo sea que ando distraída en un laberinto de fuertes emociones, con placenteros callejones que confunden mi destino, enredando mi tiempo con pura magia, entreteniéndome en momentos increíbles, recreándome en mil ilusiones. Sé a donde conducen esos callejones: los recorro expectante a la luz de una antorcha, sin prisa, intensamente, sin importarme el tiempo que me lleva, jugando a creer que tienen salida. Cierro mis ojos, mis manos recorren cada recoveco, los olores impregnan mi olfato y mi cerebro... su silencio inunda mis oídos y me dejo llevar por las sensaciones que me transmiten; quiero conocerlos a fondo, no me importa el tiempo gastado en hacerlo, los disfruto cada segundo aún sabiendo que no voy a salir por allí... también me doy cuenta de que necesito que pase algo que me convenza de que mis sombras no son reales. Recorro con dedicación y esmero cada centímetro de pared con la esperanza de encontrar el resorte oculto que abra una puerta secreta, una puerta que me haga sentir en el rostro una corriente de aire fresco, me conduzca a la salida y difumine las sombras creadas por la antorcha que conduce mis pasos. Me gusta permanecer en este laberinto... explorándolo, integrándome en su respiración, sus aromas, sus silenciosos sonidos... descubriendo sus secretos más íntimos y sumergiéndome en lo más profundo de sus entrañas... aunque me gustaría que las difusas sombras que ensombrecen mi caminar se vieran sorprendidas por la perfecta luz de la Luna Llena.



